jueves, 24 de febrero de 2011

El últimu fugau, Manolín de Lorío

Noventa y tres años miran los ojos de Manolín de Lorio. Toda una vida y desde luego, no fácil precisamente.
Os dejo un pequeño retazo de su historia. Despues de él, ya no quedara nadie vivo para contarla. Las fotos son de este mes de febrero de 2011, en Villoria( Laviana) en un homenaje que se le ofreció.



-Antes salíame bastante bien, pero ahora nun puedo chuflar con fuerza.

Manuel Alonso González, «Manolín el de Llorío», se lleva las manos a la boca tratando de reproducir en vano el sonido de la curuxa. Durante ocho años de su vida el canto de la lechuza fue una de las consignas empleadas en el monte para contactar de forma segura con enlaces y compañeros de otras partidas guerrilleras. Alonso pasó toda su juventud, entre los 18 y los 26 años, aferrado a un fusil, recorriendo hasta la extenuación bosques y laderas, y refugiándose de las fuerzas franquistas en rudimentarias chozas que apenas eran utilizadas unas cuantas noches ante el temor de ser descubierto. A pesar de los peligros y penalidades sufridas, Manolín el de Llorío sobrevivió para contarlo y, a sus 93 años, es uno de los últimos fugaos que, junto con otros pocos como Felipe Matarranz, pueden dar cuenta en primera persona de cómo fue el movimiento maqui en Asturias.
Alonso, natural de la localidad lavianesa de Soto de Lorío, fue criado por un abuelo y una tía materna. La noticia del estallido de la guerra civil lo sorprendió pescando truchas a mano en el río Nalón. Ese mismo día, con sólo 18 años, se alistó como miliciano. Participó en enfrentamientos armados en Oviedo, Tarna y Tineo, y posteriormente fue enviado al País Vasco. La retirada hacia Asturias como consecuencia del avance de las tropas franquistas y la definitiva caída de frente Norte, en octubre de 1937, forzó la huida al monte de cientos de milicianos, entre ellos Manolín el de Lorío.

«En los primeros años había combates todos los días. Había mucha gente que se había echado al monte, pero también había mucha fuerza franquista. Tenían tiendas de campaña en la cima de cada monte y cada tres o cuatro kilómetros en las carreteras; si no conocías el terreno, tenías choques a todas horas», relata Alonso. Pronto la escasez de armamento y balas empezó a limitar la capacidad de acción de los fugaos. «A veces no podías hacer mucha resistencia porque no había suficiente munición. Te ibas abasteciendo con la munición que traían enlaces que estaban haciendo la mili o con lo que conseguías arrebatar a la fuerza franquista; pasó como en la Guerra Civil; si llegamos a tener más armas, todavía están corriendo».

La concentración de Guardia Civil, regulares y contrapartidas en el monte, y la utilización de métodos de represión para cercenar el apoyo a los fugaos en los pueblos motivó que la supervivencia se convirtiera en un reto diario. «Conseguías comida donde podías. Había enlaces que traían harina, patatas y otros alimentos, y también se llevaban a cabo golpes económicos en las aldeas; mientras uno quedaba vigilando el resto recogía comida que cocinábamos por la noche en el monte», relata Alonso. A la hora de bajar a los pueblos maquis y enlaces utilizaban sus particulares «semáforos». Una prenda de un determinado color colgada en un tendal o un trapo colocado en un alféizar informaban sobre si había fuerzas franquistas en las proximidades.

La búsqueda de refugio también obligó a los fugaos a afinar el ingenio. Cuadras, cuevas y una simple manta para pernoctar al raso dieron cobijo muchas noches. Sin embargo, lo habitual era construir chozas camufladas entre el paisaje para protegerse del frío y de los rastreos de las fuerzas franquistas. «Teníamos un serrucho para cortar madera. Las chozas las hacíamos con ramas o con piedras, y las cubríamos con tejas que ibas cogiendo en cada corral. Por encima se ponía una capa de musgo para que quedara camuflada», explica Alonso. El mismo proceso se repetía con asiduidad: «Si daban con una choza, había que cambiar de zona y hacer otra. Estar un mes en el mismo sitio ya era una barbaridad».

Manolín, que durante un tiempo formó parte de la partida de los Caxigales,y frecuentó los montes y pueblos de Caso, donde su memoria todavia permanece en los mas viejos, siempre fue partidario de grupos guerrilleros reducidos -«cinco personas, y tirando largo, seis»- para evitar dejar rastros. Cuando nevaba las cosas se complicaban, porque las huellas nos se podían soslayar: - Alguna vez tuvimos que caminar culo atrás para despistar a la "fuerza". Caían unas nevadas de miedo; había que quedar "achantaos" en la choza hasta que se iba quitando, racionando la comida que tenías-.

En esas largas noches de invierno Alonso y sus compañeros limpiaban las armas, jugaban al tute o recordaban a los que se habían quedado en el llano, expuestos en primera línea. La tía que crió a Manolín murió tras ser arrojada por una buhardilla de un improvisado cuartel en El Condao, tras sufrir la enésima paliza, según él mismo recuerda. «La represión fue brutal, el enano del Pardo era peor que Nerón. Tenían aterrorizada a la gente», esgrime.

Un chivatazo acabó con la fuga de ocho años de Alonso. Sorprendido en una cuadra por las fuerzas franquistas, intentó escapar entre las vacas, pero las heridas causadas por una bomba de mano y varios disparos truncaron el intento. «La vida del maqui es pésima, no se la deseo ni a mi peor enemigo. A pesar de todo lo que pasé, no me arrepiento de nada, porque sin lucha no caminamos», concluye. ¡ Extrañas palabras, para los tiempos que corren ! Sobre todo viniendo de un hombre, que como nos recuerda, volveria a realizar aquella vida, si las circustancias y los años se lo permitieran.
Nos quedamos con su última frase " Sin lucha no caminamos"
Nos suena extraño ¿verdad? Eso ahora no se trae.

lunes, 20 de diciembre de 2010

La Dama del Corralín

En uno de los lugares más agrestes y recónditos del occidente asturiano, cercado por la selva que forman las estribaciones de la reserva biológica de los montes de Muniellos y las antiguas explotaciones de oro de época romana, se encuentra la pequeña aldea del Corralín. Por extraños designios de repartos territoriales, pertenece al concejo de Degaña, aunque enclavada en el interior del concejo de Ibias.
Se accede principalmente por Sisterna, aunque en tiempos pasados había comunicación por caminos y senderos con Tablado y El Bao.


Precisamente desde el cementerio común de Cisterna y El Bao, parte un camino que atravesando un tupido bosque de castaños, nos conduce en una hora, más ó menos a este apartado enclave, después de atravesar por rústicos puentes varias riegas y riachuelos, que logran con dificultad abrirse paso por aquellas peñas inverosímiles.


El pueblo, abandonado por sus últimos vecinos en el año 1969, nos decía Braulio, uno de sus últimos moradores, que antes de su actual ubicación, estaba situado en la collada, al este de Tablado, donde aún se conservan restos , pero problemas con el ganado, que se escapaba a los pastos de Laron, y las inclemencias que sufrían al estar en lugar tan expuesto, los decidió a trasladarse a un lugar cerca del río Ibias, próximo a El Bao.


Allí, donde actualmente perviven las ruinas de sus casas, hubo hace tiempo un prospera comunidad de vecinos, que lo habitaban en los dos barrios que lo componían; El barrio de Abaxo, con 10 casas y la capilla dedicada a San Miguel, y el de arriba, con un molino y un par de edificios.

Capilla de San Miguel


Tenía, nos cuenta Braulio, dos bares, uno de los cuales regentaba él precisamente, y llegó a contar con una abundante población, a pesar de su aislamiento, según nos describe Bellmunt:

El diccionario geográfico de Bellmunt decía así: "San Luis de Tablado.- P. En la Prov. Y dioc. de Oviedo, part. Jud. de Grandas de Salime, ayunt. de Ibias. Sit. en el llano de una alta montaña. Tiene unas 40 casas y una iglesia dedicada a dicho santo, la cual es hijuela de la parr. de Santiago de Degaña. Prod. maíz, centeno, patatas y pastos; se cría ganado vacuno y lanar. Ind. la agrícola, arriería y dos molinos harineros impelidos por las aguas de un arroyo inmediato. Pobl. 42 vecinos = 210 almas".

En el año 1920 Tablado, lugar, contaba con 71 edificios habitados y 319 habitantes de hecho; Corralín, aldea, con 10 edificios y 96 habitantes; Sisterna, lugar, con 47 y 245, y El Bao, lugar, con 41 y 199
Ya mas en tiempos recientes, hablaríamos de los años 40 ó 50, habitaban unos 90 vecinos aproximadamente, lo cual nos indica el apego de sus habitantes a tan apartado lugar, que junto con El Bao, Cisterna y Tablado, marca el ángulo que en la denominada comarca cunqueira, forma el valle que mira al alto del Rañadoiro, estando bañado por un riachuelo que confluye mas adelante con el que corre por el valle cunqueiro para aportar juntos sus caudales al río Ibias. En este lugar, aún hoy, se pueden ver con admiración y asombro las grandes obras que los romanos habían realizado. En una ladera de la montaña que rodea al Corralín, situado en un hoyo profundo, semejante a un gran tazón, hay grandes labores mineras de las que se cree que los romanos han extraído abundante cantidad de oro. El sistema de explotación de los grandes filones verticales de cuarzo aurífero, con los pocos elementos de que disponían en aquel tiempo, era el siguiente: hacían grandes hogueras junto a los filones que deseaban deshacer, hasta el punto de que éstos llegaran a un alto grado de temperatura, y era entonces cuando procedían a la apertura de las compuertas de los canales de agua, todavía visibles hoy, que al caer sobre los filones a gran temperatura provocaban su resquebrajamiento y separación, pasando acto seguido a molinos de pequeñas dimensiones, donde el cuarzo era completamente pulverizado para después separar su parte aurífera ya de modo definitivo. Se calcula que se explotaron por este sistema varios millones de toneladas de mineral. De la riqueza aurífera de estos cuarzos da fe el resultado de los análisis efectuados en París en año 1927, como consecuencia de los cuales vino una expedición de ingenieros franceses que procedió al estudio de una posible explotación tan pronto como las vías de comunicación lo permitiesen.

Ruinas del pueblo

A resultas de la abundancia de este mineral en pasados tiempos, se forjaron leyendas como la de unas personas que buscando un cofre que decían que estaba enterrado por aquella zona, excavaron infructuosamente sin encontrar nada, luego sobre la tierra excavada una familia edificó su casa, y cual fue su sorpresa, cuando los primeros rayos de sol que dieron en sus paredes mostraron con sus reflejos, el oro que atesoraban aquellas piedras.
Corralín
cuenca de oro
tiras una piedra
y es un tesoro

Bien, esto es una somera descripción del enclave del Corralin, pero el motivo de este articulo es otro diferente, aunque muy vinculado al mismo. Hace dos años aproximadamente, una menuda mujer llego al pueblo de Sisterna preguntando por el aquel lugar y manifestando su interés en afincarse en él. Los vecinos, incrédulos al principio, pensaron que poco le durarían las ganas, cuando lo conociera.


Con gran sorpresa para todos, hoy, Francine Marcelle, ciudadana francesa, ha pasado más de un año en aquel lugar. Ayudada por voluntarios, que le han rehabilitado una casa en ruinas, poniéndole techo y agua de una fuente cercana, ha demostrado que a pesar de su fragilidad, es una mujer fuerte que ha superado los rigores del invierno, allí especialmente duro, solo con la compañía de su pequeño perro y los gatos que le ayudan a mantener la población de topos y ratones a raya, para que no le coman los frutos de su pequeña huerta, que le proporciona los alimentos básicos, amen de alguna ayuda que sus vecinos le ofrecen y le premian por su valor.


Esta mujer, todavía joven, nos da un ejemplo de respeto y de amor a la naturaleza, que pocos de los que nos llamamos “ecologistas” estaríamos dispuestos a asumir. Sin entrar en los motivos que la hayan impulsado a abandonar los calidos lugares del Mediterráneo, de donde vino para afincarse en la perdida aldea de Ibias, decisión que pertenece a su patrimonio íntimo, y que a nosotros aunque nos sorprenda, respetamos profundamente, si es de alabar que gracias a ella, El Corralín siga vivo, y no contenta con eso, participe junto con compañeros y compañeras de Cerredo y Degaña en la recuperación de viejas canciones del patrimonio etnográfico cunqueiro que eran llamadas “puchas” con el grupo “ Cuenca de oro “, pues se nos había olvidado comentar, que goza de una amplia cultura musical, y es capaz de componer y cantar canciones que posteriormente edita en unos videos que ponen a esta olvidada aldea en el cada vez mas globalizado mundo.
http://www.youtube.com/watch?v=y7u33kAWTLk&feature=player_embedded#

Altar de la capilla

Solo por eso ya nos merece toda la admiración y el apoyo que podamos prestarle, y que estamos seguros que los vecinos de Ibias y Degaña, le brindan a esta mujer que podíamos llamar con total propiedad “ La Dama del Corralín “ porque dama es la que con su ejemplo nos esta demostrando que las cosas cuando uno las siente de verdad, se pueden conseguir, y lo que estaba muerto, solamente hace falta quererlo para que la vida vuelva a habitar en las derruidas casas del abandonado pueblo, y podamos escuchar junto el correr del agua de su río, las panderetas de Angelita y Mª Luz, dos de las que fueron sus últimas vecinas, amenizando la fiesta de San Miguel, mientras Braulio y el tio Donis, bailan la jota de Cangas y entonan alguna “pucha” como la que les ofrecemos:


Un ejemplo de estas canciones de ronda que cantaban los mozos en los bailes cunqueiros, podía ser esta :

Aunqui tou padri mi dira
a casa cun as duas huörtas,
nun mi casaba cuntigu
purqui teis as patas tuörtas.

y contestaba la moza :

Curteixar, curteixas úa
más abaxu de mia casa;
más guapa qui you sirá1u
peru non cun tanta gracia.

Estas y otras canciones del acervo popular de estos pueblos, seria deseable que la juventud y mujeres como Francine, lucharan por su conservación, porque los pueblos irremediablemente van perdiendo las gentes que forjaron su historia, y solo nos queda a los que de verdad nos sentimos comprometidos con ello, coger el testigo de la conservación de esas tradiciones, de manera que los que nos sigan puedan presumir y estar orgullosos de su pasado y de las gentes que formaron parte de él.

Ultimos habitantes de la aldea del Corralín 1957


Apuntes y datos recogidos de vecinos de Sisterna y del libro
“El habla de Sisterna” , de Joseph A. Fernandez ( 1960)


Dedicado al Corralín
Pesa el invierno como losa de mármol sobre el corazón
de las aldeas, que guardan la memoria y las huellas errantes
de vecinos ausentes.
Toda es paz y quietud sobre los montes cercados por la nieve
como la flor del tiempo.
Un tiempo detenido en su inocencia
un tiempo sin fronteras, sin sombras, sin olvido.
Hay un vacío de pájaros en el aire
solo se atreve el sol a bogar en sigilo por el cielo infinito
y en la afligida voz de las campanas pregonando la muerte.
Hay un vacío de brazos poderosos
¿ quien será capaz de abrir la tumba que de paz a la muerte?



Eleuterio Prado




Monchu Calvo. Astierna 2010

jueves, 2 de diciembre de 2010

La ultima mirada



Este miercoles se ha muerto una compañera entrañable. Durante mas de trece años, acompaño mis andares y fué testigo de penas y alegrias en mi casa. Jugó con unos y con otros hasta el aburrimiento, sin poner nunca una distancia. Nos conocía creo como nadie, por ese sexto sentido que tienen algunos seres vivos, de percibir lo que el ser humano no capta, pero ellos sí. Creo que sabia tanto de fotografía como yo, porque me acompañaba a todos los sitios, y a veces la usaba para colocarla como referencia en alguna medición de luz complicada, sin que ella se molestara por ello. Quizás al final me hizo la "putada" de participar de forma activa en su final, ya que al deteriorarse su salud de forma terminal, tuve que acompañarla en su " último paseo" y mantener su cabeza entre mis manos, mientras el líquido que le suministraban la iba sumiendo en un sueño del que ya no despertaría, ó quizás sí, ¿ quien lo sabe? Sus ojos hacia tiempo ciegos, se dirigian a mi cara, guiados por mi aliento, posiblemente, porque en aquel lugar no habia palabras, solo una trístisima despedida a alguien a quien quisimos mucho todos los de mi familia, incluidos amigos, porque por todos se hacia querer. Os hablo de mi perra,Dana.
Quisiera si me lo permitis dedicarle este poema :

Llanto por la muerte de Dana

”Ladrándole a la muerte,
como antes a la luna y al silencio,
mi perra abandonó la casa de su cuerpo,
y se fue tras de su alma
con su paso extraviado y generoso
el miércoles pasado.

La hemos llorado mucho...”
Y, ¿por qué no?
yo también la he llorado;
la muerte de mi perra sin palabras
me duele más que la del perro que habla,
y engaña, y ríe, y asesina.
Mi perra siendo perra, no mordía.
Mi perra no envidiaba, ni mordía.
No engañaba, ni mordía.

Mi perra era corriente,
humilde ciudadana del ladrido-carrera,
mi perra no tenía argolla en el pescuezo,
ni listón ni sonaja,
pero era bullanguera, enamorada y fiera.
“Ladrándole a la muerte,
como antes a la luna y al silencio,
el perro abandonó la casa de su cuerpo
y se fue tras de su alma –los perros tienen alma:
un alma mojadita como un trino-
con su paso extraviado y generoso
el miércoles pasado...”
Hay en esta triste tristeza en que me hundo,
la muerte de mi perra sin palabras
me duele más que la del perro
que habla,
y extorsiona,
y discrimina,
y burla;
mi perra era corriente,
pero dejaba un corazón por huella;
no tenía argolla ni sonaja,
pero sus ojos eran dos luceros;
no tenía listón en el pescuezo,
y por no tener, renunció a su cola
y era la paz de sus orejas largas y caidas
dos lenguas
de diamantes.



La quietud sujetó con recia mano
la pobre perra inquieta,
y para siempre
fiel se acostó en su madre
piadosa tierra.

Sus ojos mansos
no clavarán en los míos
con la tristeza de faltarle el habla;
no lamerá mi mano
ni en mi regazo su cabeza fina reposará.

Y ahora, ¿en qué sueñas?
¿dónde se fue tu espíritu sumiso?
¿no hay otro mundo
en que revivas tú, mi pobre bestia,
y encima de los cielos
te pasees brincando al lado mío?


¡El otro mundo!
¡Otro...otro y no éste!
Un mundo sin el perro,
sin las montañas blandas,
sin los serenos ríos
a que flanqueaban los serenos árboles
sin pájaros ni flores,
sin perros, sin caballos,
sin bueyes que aran...
¡el otro mundo!
¡Mundo de los espíritus!


Pero allí ¿no tendremos
en torno de nuestra alma
las almas de las cosas de que vive,
el alma de los campos,
las almas de las rocas,
las almas de los árboles y ríos,
las de las bestias?


Allá, en el otro mundo,
tu alma, pobre Dana,
¿no habrá de recostar en mi regazo
espiritual su espiritual cabeza?


La lengua de tu alma, pobre amiga,
¿no lamerá la mano de mi alma?

El otro mundo!
¡Otro... otro y no éste!
¡Oh, ya no volverás, mi pobre Dana,
a sumergir tus ojos
en los ojos que fueron tu mandato;
ve, la tierra te arranca
de quién fue tu ideal, tu dios, tu gloria!


Pero él, tu triste amo,
¿te tendrá en la otra vida?
¡El otro mundo!
¡El otro mundo es del puro espíritu!
¡Del espíritu puro!

¡Oh, terrible pureza,
inanidad, vacío!


¿No volveré a encontrarte, mansa amiga?
¿Serás allí un recuerdo,
recuerdo puro?
Y este recuerdo
¿no correrá a mis ojos?
¿No saltará, blandiendo en alegría
enhiesta la cabeza?
¿No lamerá la mano de mi espíritu?
¿No mirará a mis ojos?
Ese recuerdo,
¿no serás tú, tú misma
dueña de ti, viviendo vida eterna?

Tus sueños, ¿qué se hicieron?
¿Qué la piedad con que leal seguiste
de mi voz el mandato?

Yo fui tu religión, yo fui tu gloria;
a Dios en mi soñaste;
mis ojos fueron para ti ventana
del otro mundo.

¡Si supieras, mi perra,
qué triste esta tu dios porque te has muerto!

¡También tu dios se morirá algún día!
Moriste con tus ojos ciegos
en mis ojos clavados
tal vez buscando en éstos el misterio
que te envolvía.

Y tus pupilas tristes y apagadas
a espiar avezadas mis deseos,
preguntar parecían:
¿A dónde vamos mi amo?
¿A dónde vamos?

Mientras, el líquido que pusieron en tu sangre

para ayudar que el postrer momento fuese breve

iban cerrando tus ojos lentamente.

Sobre ellos mis manos temblorosas

acariciaban la ternura

escuchando tus últimos latidos, solamente.
/>





Descansa en paz, mi pobre compañera,
descansa en paz, más triste
la suerte de tu dios que no la tuya.

Los dioses lloran,
los dioses lloran cuando muere el perro
que les lamió las manos
que les miró a los ojos,
y al mirarles así les preguntaba:
¿a dónde vamos?



Para Dana

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Xabalín en La Encruncejada

Con gran pasmo para todos los que nos encontrabamos allí, un fiero jabalí se introdujo en la terraza de Rosamari, huyendo de los perros de una partida de cazadores de La Felguerina.


El animal, al verse acorralado, intento romper la ventana y la puerta, para introducirse en casa.

Asustados y perplejos de lo que estabamos viendo, y sin saber que hacer, mientras estaba el animal encaramado en la ventana de la cocina

le eche valor y logre abrirle la cancilla de entrada para que viendo una salida pudiese escapar, cosa que finalmente hizo, vadeando el rio Caleao, y dirigiendose al monte, aunque finalmente para su desgracia, fue cazado por la cuadrilla.

Buen bicho como se puede observar

VI Maraton de Casu " Mayaes "


23 y 24 de octubre de 2010 - Caso (Asturias)


Nuestro apreciado compañero Monchu Calvo ha ganado el 1º PREMIO al Mejor Fotógrafo por la Mejor serie fotográfica presentada a concurso, en el Maratón Casín de Fotografia. A continuación más información sobre todos los premios de este concurso.


Tres gijoneses fueron los vencedores de las tres categorías del maratón fotográfico de Caso que lleva por título «Otoño de mayaes». José Ramón Suárez Calvo ha sido distinguido como mejor fotógrafo mientras que la mejor instantánea fue capturada por Alejo Concheso Calvo y Miguel Armayor Martínez fue el que consiguió más votos del jurado al valorar la mejor fotografía realizada por niños menores de 14 años.

El concurso, que se celebró los días 23 y 24 de octubre, contó en esta sexta edición con 70 participantes, ocho de los cuales quedaron enmarcados en el nivel infantil. Los segundos y terceros puestos de las tres categorías fueron para vecinos de las Cuencas. Héctor Suárez Rodríguez y Abel Barbón Fernández, ambos de Pola de Laviana, quedaron en segunda y tercera posición en la categoría de mejor fotógrafo, en la que se valoran las mejores cinco imágenes de las doce que presenta cada uno de los participantes.

Sara María Sánchez Medina, de Campo de Caso, y Héctor Suárez Rodríguez, de Pola de Laviana, se situaron por detrás de Alejo Concheso en la selección de la mejor fotografía. En el apartado reservado para los menores de 14 años, María Álvarez Garrido, de Moreda (Aller), y Eduardo Tascón Cubillas, de Veneros (Caso) fueron segunda y tercero respectivamente. El ganador de esta categoría recibirá una cámara digital y un trofeo.


El premio para al mejor fotógrafo está dotado con 600 euros con trofeo y fin de semana y comida en establecimientos casinos colaboradores del certamen mientras el de mejor fotografía es de 300 euros, trofeo, fin de semana y comida.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Fotografos rurales

La historia de los fotógrafos rurales, habría que enmarcarla dentro de la categoría de historiadores de la vida. Sus excepcionales documentos ilustran como nadie, el quehacer diario de las gentes de los pueblos de España. Nunca buscaron el reconocimiento ni el prestigio, solo la supervivencia, aunque algunos en lo postrer de su vida fuesen reconocidos públicamente, como fue el caso de Virxilio Vieitez, el gran retratista gallego, del que aquí publicamos alguna de sus obras.


Había logrado un reconocimiento que no buscó: "Durante mi vida, siempre pensé en el trabajo que estaba haciendo y nunca en los reconocimientos pero ahora compruebo que es una satisfacción que alguien premie ese trabajo y, sobre todo, que lo pueda disfrutar en vida, como me está pasando a mí", confesó en noviembre de 2001. Su alejamiento de lo que ahora entenderíamos como “fama” lo muestra en una fotografía no muy conocida, donde en su pueblo natal, departe con el gran Cartier-Bresson como dos viejos colegas, al lado de unos vinos y unas aceitunas. Hoy esa foto sería portada de todos los periódicos, en aquel momento solo fue el encuentro de dos hombres apasionados por la misma profesión: la fotografía. Que simple y a la vez que grande esa vieja foto de dos colosos de la imagen.

Virxilio Vieitez y Cartier Bresson

Aquí en Asturias también tuvimos a algunos de esos fotógrafos. Nuestras comarcas guardan el recuerdo de aquellos artesanos, que primero con caballerías y luego ya montados (los más pudientes) en motos, visitaban las ferias donde a modo de decorado colgaban una sabana, con aviones y barcos de guerra que simulaban lejanos paisajes, donde los mozos y las mozas se imaginaban que iban a conocer a poco que la suerte les mejorara ó consiguieran reunir dinero para un pasaje a ultramar.
Las España de la posguerra, hasta bien entrados los 70, quedo reflejada en las fotos de estos grandes documentalistas, que armados de sus cámaras fuertes y rudimentarias, trazaron un fiel reflejo de un estilo de vida y unas gentes, que hoy no se reconocerían en los actuales. Esa fue su grandeza y por lo que se les recuerda. Sin ellos la historia de nuestras ciudades y pueblos no sería la misma, porque no habría nadie que hiciese esa labor con la maestría que la realizaron ellos, sin esperar a cambio ningún reconocimiento.
Desgraciadamente, sus archivos desaparecieron cuando ellos, en gran parte. Arrumbados en cuartos y finalmente tras su muerte, directamente a la basura, salvo importantes excepciones, caso entre otros de Constantino Suarez, cuya obra la podemos contemplar en la fototeca del pueblo de Asturias.


Este articulo es un homenaje a uno de los fotógrafos que mas “asemeyó” a hombres, mujeres y vaques de Caso, en todos los ambientes, en fiestas, ferias y en velatorios.


Siempre con su inseparable maquina al cuello, reflejó como nadie el alma de los casinos, como muestran muchas de las fotos que ilustran el libro “ Muyeres casines” sin que tuviera el reconocimiento que se mereció, como tampoco lo tuvieron las miles de fotografías y negativos que acabaron en un basurero de Coballes, para vergüenza de todos los que pudieron evitarlo sin hacer nada por ello, solo la disculpa de la ignorancia de las gentes, que solo vieron basura donde se amontonaba la historia gráfica de Caso.


Hoy afortunadamente, como queriendo desagraviar a uno de sus vecinos mas famosos, se distinguen precisamente por el empeño de sus paisanos en recuperar su historia, incluida la que guardan sus viejas fotografías, que muestran orgullosos en los locales de las viejas escuelas del pueblo. Labor que hacen de forma entusiasta, y por la que año tras otro concurren al premio al pueblo ejemplar de Asturias, cosa que no dudamos alcanzaran algún día.

Va por Vd. Maestro, Francisco González- Foto Vega, aunque sea fuera de plazo.
Monchu Calvo

viernes, 24 de septiembre de 2010

Muyeres casines, dos siglos n´acordanza





Hay libros que se escriben sobre la carne misma
Son esas cicatrices que nos hablan
y sangran cuando el tiempo se
rinde a su derrota
un puñado de signos que apenas
comprendemos y eran el beso intacto de la vida
Ada Salas

Fragmento de una conversación con Lelia Aladro, de Caleao
" Un tíu miu iba a llevar un carru cuchu a una tierra. Estaba esperándolu la novia ena iglesia, paró les vaques y el carru, casóse y volvió pa la tierra. Y quedó casau pa toda la vida, y ahora ¡gasten un dineral y durayos dos diis !

Como esta anécdota tantas, que transcribimos en las páginas del libro, y que nos muestran la singular filosofia de la vida que atesoraban las muyeres de Casu, hoy desgraciadamente extinguida. Este libro es un homenaje a ellas.

Hoy es un gran día para todos los que nos empeñamos en sacar este proyecto adelante, y es un gran día, para todas las mujeres, las presentes y las que nos precedieron. Hemos rescatado su memoria, nos hemos paseado por los escenarios de sus vidas, ellas nos han acompañado a sus fiestas, de su mano nos llevaron a Riosol, La Magdalena de Tanes,a la feria del Campu, donde compartimos la merienda, a Santa Isabel de Buspriz y Santa Ana de Prieres, también fuimos de boda con ellas. No les importó que las viéramos de madreñas, antes eso era lo normal, los zapatos se dejaban para el baile. También nos enseñaron las faenas del campo, cogimos junto a ellas trigo en Orlé y en Caleao, posaron orgullosas con sus vacas, el bien mas valioso que tenían, nos enseñaron como se hacia la matanza, como se amasaba el pan, incluso recordaban aquel viaje a Gijón, donde en un estudio, les dejaron un precioso mandil y se hicieron aquella fotografía que guardaban como un tesoro, fue pena que salieran con zapatillas, pera daba igual, aquella foto la tenían puesta en el lugar mas importante de su humilde casa.
Este es un libro que trata de reconstruir la existencia de aquellas mujeres, desde la información que nos trasmiten aquellas viejas fotografías.
De las oxidadas cajas de hojalata, fuimos recuperando retazos de vida en aquellas antiguas fotos, y hoy tenemos la satisfacción de verla plasmada en las hojas de este libro.
Guardarlo con cariño, el mismo cariño con que los que hemos participado en este proyecto hemos puesto para tenerlo hoy aquí, y aunque seguramente echareis en falta a mucha gente, que debería haber estado sin duda, no pensar que nos hemos olvidado de ellas, simplemente un libro es como un pequeño baúl, con capacidad limitada, no podemos meter en él todo lo que quisiéramos, pero os prometemos que de una forma u otra también tendrán cabida en un futuro, no nos olvidamos de ellas.
Gracias a todos, y gracias también a nuestro ayuntamiento, que puso la primera piedra en la recuperación de la memoria de Caso, con el libro sobre les mayaes, y ahora da otro paso importante apoyando sin reserva, el que hoy os presentamos, también, como no, a la asociación La Esfoyaza de Caso y al resto de los que colaboraron en que esta obra viera la luz. Sin su ayuda no hubiera sido posible. Es sin duda una buena noticia, y un premio para las verdaderamente protagonistas del libro: Las mujeres casinas. Un abrazu desde el corazón.