martes, 31 de julio de 2012

La antigua casa

La puerta de la casa cedió quejándose,al empuje de nuestras manos. Debía de hacer muchos años que nadie franqueaba aquel robusto dintel de gruesas piedras. Poco a poco, nuestros ojos fueron acostumbrándose a la penumbra, y pasamos con cuidado adentro. A nuestros pies losas de piedra irregulares amortiguaban nuestros pasos. Todo el suelo estaba cubierto de ellas, señal de que fueron pudientes sus dueños. El resto de otras que conocíamos, y también muy antiguas, tenían el suelo de tierra pisada, ó tablas de madera de castaño ó roble. La apertura de una ventana, no muy grande, permitió la entrada de una luz, que ya nos dejo ver la gruesa trébede que sustentaba la boca de un horno ennegrecido en años de contemplar la pala que introducía los panes y boroñas, que procuraban el sustento a sus dueños. A su lado un herrumbroso molinillo, hace tiempo jubilado de su quehacer.
Debajo, el hogar que calentaba los inviernos, enmarcado entre gruesas columnas de piedra, escoltado entre dos bancos enfrentados, y donde queremos imaginar las veladas nocturnas, con el plato entre las manos y las llamas de aquella chimenea, arrojando un poco de luz y calor en la humilde estancia. Una cadena colgaba en su centro, con un gancho al final. Era la calamillera, y se usaba para colgar el asa de las ollas, encima del fuego. Todavía las paredes conservaban un color de cielo, en el añil que en su tiempo embelleció los muros, trasmutando la fealdad en hermosura, y regalándonos después de tantos años ese toque que alguna mano femenina, quiso que acompañase sus vidas. Un viejo calendario sin fecha y alguna llave complementan la decoración de la estancia, como un retazo de vida cotidiana, como si el tiempo todavía siguiese marcado por las hojas de aquel paisaje de un antiguo almacén de vinos. Hoy, solo las telarañas lo disfrutan, y nosotros, que entramos como a importunar el silencio con nuestros pasos. Parece sentirse en el aire que nos rodea, mil ojos que buscan los nuestros y que nos preguntan ¿qué hacemos allí ?. Afuera, no se oye mas que la brisa de un día gris de verano, inusualmente frio, y esta anocheciendo. Un vasal, pintado de verde, recoge la rústica vajilla, los platos con alguna esconchadura y alguna jarra abollada de aluminio. Ya no sentirán el calor humeante del guiso reposado, que reconfortaba los estómagos a la vuelta del duro trabajo en el campo. Pasé mis manos sobre ellos, suavemente, como tantas veces se sentirían apoyados en el regazo, esperando que enfriase el humilde pote, pero solo sentí frío. Salí al corredor, éste, con el suelo de madera carcomido en parte, me ofreció la vista de un edificio en construcción, enorme y como discordante entre la humildad de las casas que lo rodean. Me dicen que será un hotel. Un hotel de lujo. Y yo apoyo las manos en la antigua barandilla tallada, y vuelvo la vista a la penumbra de la vieja cocina, y quisiera verla bullir de vida, y sentir el olor del pan recién amasado, y no lo cambiaria por ningún hotel, por lujoso que fuera. Pero solo hay silencio entre aquellas paredes.
En el suelo, mis ojos descubren algo que parece una cuna, me agacho y la contemplo con curiosidad, es muy pequeña, y a lo largo la recorren unas varas de avellano y unas cuerdas. En la cabecera y a los pies, dos maderas con forma redonda, y ricamente talladas con motivos de trísqueles asturianos, me indican que alguna mano habilidosa talló aquello con cariño. No se distingue muy bien, pero creo adivinar unas letras. La llevo a la cocina, y a la luz de la ventana, se ven claramente M.M.C, en la parte de los pies de aquella cunita, salpicada de cientos de pequeños agujeros de carcoma, que si no lo remedian acabara con ella. A esas cunas, se les llamaban “tribiecos” en el lenguaje rural, y eran totalmente artesanales fabricadas en madera, por los propios padres ó allegados que fueran curiosos trabajando la madera, que en aquellos tiempos eran casi todos. Como me hubiera gustado, ver aquella pequeña cuna con su propietaria dentro. Quizás, envuelta en una humilde manta, de la que sobresaldrían unas diminutas manos, que irían creciendo con el paso de los años, que seria adolescente, que se casaría, tendría hijos y que acabaría por dejarnos para siempre, al final de su paso por el espacio común donde nos desarrollamos como humanos. Pero, para los que las cosas no son simplemente objetos, si no que formaron parte de la vida de las personas, de forma muy directa, sigue emocionándonos mecer el pequeño tribiecu, que tantas veces seria empujado por las manos de la madre de aquella niña llamada, María Mercedes Calvo,MMC.

Un palacio junto al cielo

Corría el año 1916, cuando en el olvidado lugar de Tarna, cerca del puerto del mismo nombre, una legión de obreros iban levantando una construcción majestuosa, desproporcionada para las míseras casuchas de aquel perdido pueblo casín. Eran años de escasez y de hambre. Aquellas gentes, a duras penas subsistían con los menguados ingresos que podían conseguir con la ganadería y la fabricación de madreñas, que luego vendían en los pueblos del entorno. Era una economía puramente de subsistencia. Sin embargo, un vecino suyo, emigrante en Cuba, donde amasó una fortuna incalculable, José Simón, quiso construir en el lugar de su nacimiento, la más fastuosa casa de todo el concejo, sin escatimar en gastos ni opulencia. Las carretas y animales de carga, subían sin cesar por las empinadas cuestas, desafiando los pasos y abismos que mostraba la rudimentaria pista de tierra y piedra, pues aún no se había construido la carretera actual. Era el sueño de un visionario, pero que amaba profundamente el lugar donde nació.
El edificio, construido sobre uno anterior, según consta en escritos del siglo XVII, era conocido como “La Casona” por los vecinos del pueblo, aunque él, quiso bautizarlo como Villa Lucila, en honor de su mujer, del mismo nombre. La casa, imponente, iba cogiendo forma, y los pisos se sucedían, hasta alcanzar los tres. Delante una escalera muy amplia conducía a las amplias estancias, donde las duchas del primer piso, eran un lujo nunca visto por aquellas pobres gentes, amen de los cuartos de choferes y servidumbre y las salas y estancias reservadas para los dueños y sus invitados. En nuestro concejo hay muy pocos vestigios de arquitectura indiana. A pesar de sufrir una fuerte emigración a ultramar, quizás fuera esta la más representativa mientras se mantuvo en pie, pues durante la guerra sirvió de refugio a uno de los bandos en liza, y luego fue bombardeada junto con el resto del pueblo, quedando totalmente destruida.
Ruinas de Tarna, con el palacio detras de la iglesia. En las viejas fotografías que mostramos, se ve el alcance de la destrucción provocada por los bombardeos y de los huidos que volaban los edificios para no dejar techo a las columnas que entraban por el puerto. Durante la estancia de los Simones en sus temporadas veraniegas, los mas viejos se acuerdan de entrar a trabajar a su servicio, ni que decir tiene, que durante el tiempo que duraban sus vacaciones estivales, mitigaban en gran medida el hambre y la escasez de aquellas gentes, tan poco acostumbradas a aquel lujo, para ellos inalcanzable. Solamente, nos cuentan, viajaba con ellos una cocinera que tenían en sus mansiones de Madrid y Barcelona, donde también tenían casas. Estos personajes, pues eran dos, primos entre sí, se llamaban José Simón González, y José Simón Corral, apodadado este último “Corralin “.
Jose Simón Corral. El primero hizo fortuna en Cuba, con múltiples negocios, aunque de los más importantes fue una compañía naviera de su mismo nombre. También llego a ser presidente del Centro asturiano de La Habana en el año 1928 a 1929, o sea, fue un hombre bastante poderoso en su tiempo. Hoy, de aquel imperio, no queda nada. La tradicional sagacidad para los negocios, de que dieron buena muestra muchos casinos, tiene en “los Simones “una de sus mas destacados ejemplos, incluso me atrevería a decir que el pueblo tarnín, uno de los mas antiguos de Caso, según rezan documentos que lo mencionan allá por el siglo X, fue cuna de los que mas fortuna hicieron fuera de su tierra. Si algún día vais a Tarna, acercaros a la imponente reja de hierro que circunda la finca, único resto que queda de aquella mansión, junto a una portalada, que aún conserva grabado el nombre de la mujer para quien fue construida: Villa Lucila. Un palacio junto al cielo.

martes, 10 de enero de 2012

L´aguinaldo en Tarna

Un año más, la singular aldea casina de Tarna, celebró la antigua fiesta del aguinaldo.


Anclada en tiempos remotos, los más viejos nos contaban que esperaban esta fiesta como algo que sentían como propio, aunque existíó en otros pueblos de Caso, donde también los mozos iban a caballo por las casa pidiendo el aguinaldo, hoy, solo se conserva en este remodelado pueblo casín. A él acuden como una llamada ineludible, todos los vecinos que debido a lo extremo de su clima se desplazan en la “invernada” a lugares mas cálidos como Laviana, Oviedo ó Gijón, pero para el aguinaldo vuelven . Vuelven, como si sintieran una llamada poderosa, que les hace subir a su Tarna querida a encontrarse otra vez con amigos y vecinos, ponerse el llamativo gorro multicolor, y entonar a lomos del caballo las trovas que el ingenioso tarnín Tomás García Simón, elabora año tras año, para que José Manuel, José Ramón, Juan Manuel, Pedro y Cesar, vayan casa por casa, y acompañados por vecinos y vecinas, regalando trovas a sus ocupantes, sin olvidarse de nadie.


Al final, contentos y felices, quizás porque con el frio, los chupitos que les ofrecen entran con facilidad, dirigen sus pasos al bar Nalón, donde entre amigos y al calor de una buena cena, comparten recuerdos y anécdotas hasta bien entrada la madrugada, donde como es lógico, no podían faltar los cantos y las asturianadas, con la suerte de que les acompañase otro año más el gran músico y folklorisra asturiano Xosé Ambás, que no se pierde esta tradicional fiesta al amparo del Cuetu Negru, en el marco incomparable del Parque de Redes.



¡ Esperamos veros a todos el próximu añu ¡ ¡ Que non falte nadie ¡

martes, 20 de diciembre de 2011

El ocaso rural

Amplio con alguna reflexión un tema que me parece muy interesante.

He leído atentamente estos días una crónica periodística sobre el pueblo de Caleao, en el parque de Redes. En ella personajes naturales de la pintoresca aldea casina, ó de nueva incorporación, como el caso de un empresario que esta edificando un complejo hotelero en el lugar mas emblemático del barrio de Solxierru, y que tengo que confesar que al inicio de las obras me dió miedo el resultado de aquella transformación por el impacto que iba a tener sobre el conjunto del propio caserío, construido pacientemente después de cientos de años, casa a casa y piedra a piedra.


Hoy paseo viendo su desarrollo, y el resultado no esta quedando mal, a mi parecer. Habrá que esperar a verlo terminado.
Otra cosa es la incidencia que en términos sostenibles pueda suponer la llegada de turistas a un lugar donde el impacto humano puede suponer una agresión en un entorno no preparado para él. Ese turismo urbanita esta acostumbrado a llegar con sus vehículos hasta el propio lugar de alojamiento, y van a reclamar servicios y provocar desechos que tendrá que ser contemplado su eliminación ó reciclaje, con el agravante de que Caleao, no tiene sistema de depuración o sea que se verterán al rio. Luego las propias calles, aptas escasamente para el paso de carros del país, tendrán que acoger un tráfico de automóviles para el que no están concebidas.


Hay otra propuesta hostelera lista para su comienzo, y esperando los permisos, a si que Caleao, va a convertirse en el polo turístico del parque de Redes, en un breve periodo de tiempo. Y ahí es donde yo quería hacer una reflexión: ¿Estamos preparados para ello? ¿Es el camino a seguir? ¿Es el futuro para Caso?
En un apartado de la crónica se manifiesta que el desarrollo del turismo “esta pidiendo a gritos brazos jóvenes dispuestos, ideas diferentes”. Curiosamente en el concejo casín otra ambiciosa iniciativa la promueven dos parejas, catalana una, y leonesa la otra, y es una quesería y restaurante en la parroquia de Bueres, amén de un vasco, que explota un pub-merendero, en Orlé, lo cual indica que lo que los locales rechazan ó no creen en ello, otras personas sin ninguna implicación en el concejo, ven un nicho de negocio y apuestan cantidades respetables de dinero en su desarrollo.


Desgraciadamente hay un hecho que describe muy bien el cronista y que dice “el peligro es el silencio”. El silencio de tantos pueblos como Caleao, con las persianas y las puertas cerradas, en la larga temporada invernal. Pueblos vacios, pueblos con una vida latente, como la hibernación de los osos. Población envejecida y solo unos pocos supervivientes mas jóvenes que tiran por el carro de la ganadería y de las labores agrícolas como los eslabones finales de una cadena. Representantes de una manera de vivir que pervivió a través de muchas generaciones y que fueron los auténticos responsables de la transformación de un decorado natural que la naturaleza dispuso para que nosotros lo contemplásemos, y que ellos, con la ayuda de su tesón y de sus brazos, trazaron sendas, tiraron puentes, construyeron cabañas y poblados en los pastos y majadas de los puertos, para que ahora, los que nos perdemos por sus rutas, quedemos asombrados de lo que fueron capaces de realizar aquellos auténticos pioneros “paisajistas medioambientales”.
Los últimos que quedan, nos dicen que el futuro de la ganadería es muy negro, o como manifiesta la dueña de una posada en el pueblo – el camino es muy corto, sin ayudas esto se acaba- a pesar de que una vecina estacional, porque desarrolla su trabajo en Oviedo, donde dice que “sobrevive” pero que necesita venir a Caleao para “vivir”, manifiesta que habría que apostar por una gestión sostenible del vacuno autóctono, y la formación de cooperativas que explotaran de forma mas racional y mas cómoda la riqueza de la que disponen.
Y aquí se nos presenta descarnada, la realidad ¿Donde están esas personas, donde esos brazos?
Y un reputado periodista y experto en medioambiente, que curiosamente tiene casa en el pueblo, afirma que él cree que esto tiene solución y que ya intentó en otras ocasiones la aventura de la trasformación y no tuvo éxito, pero que ahora esta seguro de que se puede conseguir, y nos expone una teoría sobre la “aldea global” ó la “aldea tecnológica”. Caleao ó otros pueblos casinos conectados a través de las nuevas tecnologías, y repoblados por gentes con sus oficinas virtuales en las casas, como un nuevo modo de contemplar el futuro del mundo rural, y que haga atractivo a los pobladores urbanos el afincarse en estos pueblos sin perder la proximidad que ofrecen las redes informáticas para la realización de trabajos, que no importa donde se desarrollen, sino quien los haga. Aparte de la aceptable cercanía a las grandes urbes que no sobrepasa la hora, mas ó menos.
Y buscando alternativas, las opiniones pueden ser de lo mas variopintas, pues en otra crónica periodística un ex consejero del gobierno asturiano, propone estudiar la posibilidad de un copago “turístico” a los visitantes de estos espacios naturales, de forma que las gentes que acudan a dar una vuelta por estos lugares contribuyan de alguna manera a su conservación, y ponía como ejemplo, Somiedo, que recibe un promedio de 180.000 visitantes al año, que a dos €, por ejemplo, aportarían al organismo gestor de aquellos espacios, unos 360.000€, que bien se podrían dedicar al mantenimiento de pallozas, sendas y otros lugares que reclamen un sostenimiento continuado. En fin, es otra propuesta.
Es cierto que paisajes como este, y de otros lugares de Asturias, atraen. La gente los visita, están a gusto en ellos, llegan incluso a adquirir una segunda residencia en los mismos, con la secreta esperanza de que pudiera ser la definitiva. Muy pocos lo logran, porque la realidad ó las necesidades que nos hemos creado, bien familiares ó laborales, nos empujan a las urbes, y es difícil desengancharse de ellas. Las ideas que estas personas exponen, pueden ser la clave del futuro en entornos rurales. Supondrán un cambio drástico de conceptos que llevan anclados desde tiempos inmemoriales por personas que de generación en generación practicaron esas costumbres, y muchos desaparecieron ejerciéndolas, y hoy ya solo forman parte del recuerdo a través de las viejas fotografías.
Hay algo que resulta patente y que explica creo, de forma clara el declive: Las antiguas sociedades rurales, con la figura paterna representando la cima de la unidad familiar, los hijos e hijas, generalmente abundantes, contribuyendo al crecimiento del patrimonio rústico con su trabajo, y la figura del heredero, con el camino definido claramente en cuanto a la continuidad en su persona de la mejora de las fincas familiares, incluido el casamiento con una moza del entorno, que rápidamente pasaba bajo el dominio de su suegra, que era al final la que regia los destinos domésticos de la hacienda, y el resto de los hermanos a los que solo les quedaba la alternativa de seguir en un plano inferior, ó la emigración a las ciudades ó América, causando el despoblamiento progresivo del campo asturiano. Hace años que vemos como ese patrón se desmorona, y como la antigua sociedad agraria de la que se sentían parte y orgullosos, va perdiendo interés porque ven que en las ciudades se ganaba dinero con menos esfuerzo, y los antiguos campos y los rebaños de animales, pasan a depender de brazos cansados y lo que es peor, la presencia siempre respetada de los padres y abuelos, se resquebraja y en muchos casos hoy, en las antaño grandes haciendas, solo podemos ver viejos que arrastran sus años por los lugares de su vida, para al final, y eso ya seria una suerte, acabar en una residencia de ancianos, desde la que contemplan el desplome de lo que fue su mundo.


¿Cual será el futuro? Es ciertamente impredecible. La situación es la que describimos en estas notas. Los pueblos vacios, las casas cerradas, más movimiento en verano, pero de forma muy estacional, y los prados y fincas, poco a poco van siendo invadidos por las malezas, sin que haya ningunos brazos que se ocupen de su atención. Organismos oficiales, pero instalados en ciudades, organizan y mandan sobre los auténticos dueños del paisaje y de las tierras. Los pocos que quedan, ya con pocas ganas de protestar ante las imposiciones de no saben quien, pero que tienen autoridad sobre ellos y sobre sus haciendas. Ese es el cambio al que estamos asistiendo en todas las sociedades rurales, incluida la nuestra de Caso.


Yo, tengo que confesar, que me resisto a estos cambios. Quisiera que todo fuera igual que antes, y saboreo cuando tengo ocasión el Mercaín ó la procesión a Ricao, como las postreras manifestaciones de aquella pujante vida rural, o me deleito ver a los últimos rabelistas interpretar un romance bajo los soportales de la iglesia, y observar a los escasos ganaderos conducir el rebaño a los puertos como antes lo hicieron sus padres y mucho antes ,los abuelos.


Yo conocí ese mundo, asisto a su declive y me apena su desaparición.
Lo siento, soy un nostálgico.
Monchu Calvo

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Los enemigos del paisaje

A raiz de las desafortunadas declaraciones de una representante “ecologista” en el patronato del Parque de los Picos de Europa, me gustaría aportar algunas consideraciones:
Los espacios naturales asturianos deben su tipología a los habitantes ancestrales que siempre desde muchos años estuvieron “ahí”, ganaderos,pastores y vecinos de los pueblos de su entorno.

Ellos fueron los artífices de la construcción de las mayadas y cuerrias, de los senderos, bebederos y fuentes, y todo lo necesario para que la vida en aquellos espacios fuese lo mas llevadera posible. Aprovechaban los materiales que abundaban en aquellos parajes para construir sus cabañas y así, en la zona occidental, utilizaban el piornu para cubrir las techumbres, y en otras zonas de Asturias, era las llábanas y la teja artesanal la que tenia mas importancia. Los pastos con que alimentaban sus ganados tenían un continuo mantenimiento, con la atención a los canales de riego, las quemas de maleza y helechos, y los desbroces periódicos de senderos y caminos, con el fin de que el elemento sobre el que giraba su subsistencia que era el ganado de todo tipo, pudiera estar lo mejor posible en aquellos lugares.
El binomio pastor-ganado, fue una misma cosa durante cientos de años y hoy en los parques Naturales de Asturias y otros lugares sin esa calificación, lo que observamos en nuestros paseos es un equilibrio entre intervención humana y naturaleza.


Quizás esta frase ahora mismo ya no tenga ese mismo valor, y aquí expongo el motivo de lo que yo creo no se esta haciendo bien. En la actualidad el tema del pastoreo tradicional, esta cayendo en desuso, primero porque los antiguos habitantes de nuestros pueblos, muchos han desaparecido, y con ellos su peculiar e inteligente forma de servirse de la naturaleza sin esquilmar sus recursos. Su sabiduría en las construcciones y la manera de atender sus reses, era pasada de generación en generación, con las mejoras y los medios que se iban aportando con el paso de los años. Allí, nadie de fuera les dictaba ninguna norma. Esas eran consensuadas en las reuniones “a toque de campana” y allí se decidía la fecha de subir a los puertos, las quemas y las rozas, la atención a los caminos y fuentes, y todo eso en un clima de colaboración, porque lo que era bueno para uno, debía serlo para todos, y así se funcionaba.
Hoy, desaparecida en gran parte aquella riqueza humana, toman el relevo, los técnicos y expertos del medio ambiente. Desde lejanos despachos, personajes que lo mas parecido que vieron natural, fueron los documentales de la 2, dictan normas, declaran Parques Naturales cuando les parece, a los moradores de esos lugares, son los últimos a quien se tienen en cuenta, y trazan un sistema de funcionamiento, que con el fin de salvaguardar el paisaje, acorralan la libre decisión de los verdaderamente dueños de esas tierras, que son sus vecinos.
A partir de ese momento, todas las decisiones las toman esa gentes, y lo primero que hacen es nombrar guardianes con capacidad sancionadora, para que nadie haga nada que “ellos” no permitan. Es a partir de ahí, cuando las gentes de nuestros espacios naturales, empiezan a ver a los intrusos como enemigos suyos. Sus árboles, fincas, cabañas,etc.. tienen que solicitar permiso para cualquier intervención sobre ellos, lo mismo para cazar, pescar ó trasladar el ganado de un sitio a otro. Es a partir de esas actuaciones cuando se rompe el equilibrio, y se empieza a abandonar lo que antes se cuidaba, y además gratis, ya que no te esta permitido hacerlo por tu cuenta. Tienen que autorizarte.


Por lo tanto, se ciegan caminos, se derrumban cabañas, las fuentes se secan, y así todo lo demás. Cuando se quiere acometer alguna intervención por parte de los responsables, se hace mal, tarde y a un costo desorbitante. El ganadero, poco ve, de esa supuesta mejora en el hábitat, y desde luego todos ellos añoran la forma de hacer las cosas como antes se hacía.
Desde luego que tendría que existir una normativa en cuanto las actuaciones en esos espacios. No puede valer todo, pero si se quiere que las cosas trascurran dentro de una normalidad en cuanto a la intervención en el paisaje de nuestros montes y ríos, hay que tener en cuenta a los que siempre estuvieron en él. A los vecinos, ganaderos y pastores.
Luego se estudiará, su aprovechamiento turístico é incluso la creación de industria y actividades no contaminantes, que creen un tejido que pueda fijar población y añada valor a esos espacios.
El actual sistema de gestión, claramente, no esta funcionando, todo esta prohibido e incluso en terrenos de tu propiedad, no eres dueño de hacer ninguna intervención. Copiemos de otros lugares, algunos de España, incluso, y si no vayamos a ver los grandes destinos naturales europeos y comprobaremos lo mal que lo estamos haciendo en Asturias, con lo fácil que seria reproducir los sistemas donde están a gusto los vecinos del lugar y los responsables de su gestión.
Como anécdota que describe muy bien el actual estado de las cosas, les expongo un caso acaecido en Redes a un vecino del pueblo casín de Orlé: Este compró un prado, cerca de Bueres, solicitó permiso para su cierre, y estando una maquina excavadora limpiando la tierra para poner la portilla, aprovechó esta para aplanar un talud muy inclinado que dificultaba el paso de el tractor, luego extendió la tierra, y aquello quedo mucho mejor de lo que estaba.
A los dos meses le llega una sanción de 6.000 €, por modificar el terreno, del Seprona. Aduciendo la denuncia que en aquel talud, tenía su zona de paso un melandru, que, al parecer los guardias tenían controlado. El buen hombre, acompañó en su descargo una fotos donde se veía el terreno en la actualidad, y como lo que hizo allí, no supuso ningún cambio negativo. Al revés, quedó el prado mucho mejor para el fín que se destina, que es el pasto. Bueno, después de mucho papeleo, al final la multa no fue efectiva, pero cosas como esta son las que nunca debieran ocurrir.
La señora Varona, representante de los ecologistas en el Parque de Picos, desde luego es un exponente de esa errónea gestión de un espacio natural, llámese Redes, Somiedo, o Fuentes del Narcea. No puedes nunca legislar contra las gentes que vivieron y forjaron un espacio sin necesidad de ninguna ayuda exterior, y encima lo hicieron muy bien. ¡ Que nadie venga a darles lecciones ahora ¡
Esta es una labor que tod@s los que nos sentimos comprometidos con la naturaleza, debemos de luchar por devolver el protagonismo a los habitantes de estos espacios, los únicos que nunca debieron de perderlo.

miércoles, 26 de octubre de 2011

El hombre enamorau de los árboles

El titulo de esta entrada, bien podía ser también: El hombre enamorado de los montes ó el hombre que escuchaba al viento, por ejemplo.
En nuestro concejo de Caso, aunque yo personalice en un hombre: José Diego, de Orlé, todavía quedan ejemplos donde el mundo de los pastos de altura, y la consiguiente trashumancia de los mismos a las mayadas casinas, significó una forma de vida indisolublemente ligada a la subsistencia.
Mayada del Castiellu, con Oscar Aladro, de Brañafría


Con el sostén que suponía la estancia de un buen número de reses en los montes, en las épocas donde los pueblos, sobre todo por el verano, sus gentes se afanaban en recoger la hierba y las cosechas para luego aguantar los duros inviernos, estas reses se mantenían de forma simple, alimentándose de los pastos que esas zonas de montaña proporcionaban de forma generosa, así como agua de las múltiples fuentes y riegas, que la sabiduría de aquellas gentes procuraba que existiesen en todas las mayadas.
Hoy aquella forma de vida tan ancestral, pudiéramos decir que está desaparecida, ó por lo menos, ya no se realiza como antes. Las antaño pobladas cabañas, yacen derruidas, en gran parte, y si alguna se mantiene en pie es gracias al tesón de sus antiguos moradores, ó posiblemente de sus descendientes, que les dedican el esfuerzo físico y también económico para evitar su desaparición. La administración aunque se les llena la boca con grandes proyectos de recuperación de caminos y mantenimiento de algunas de las mayadas más emblemáticas, con premios incluidos en organismos capitalinos, no deja de ser una mera declaración de intenciones, pues el resultado es difícilmente visible, ó por lo menos no se percibe como hacían antiguamente los propios vecinos que se encargaban de la atención de las sendas, bebezones, cabañas, e incluso elementos de entretenimiento, como las boleras, que había en una buena parte de esos poblamientos, y que se desempeñaba sin que ninguna norma escrita lo obligara. Solamente el acuerdo entre los vecinos fijaba cuando había que repararse tal o cual camino, fuente, cierre, etc.. No había dinero de ningún organismo que ayudara, solamente el trabajo de aquellas gentes, que se preocupaban de mantener aquel equilibrio entre la naturaleza y los humanos, y en ese equilibrio compartían espacio, vacas, perros, jabalíes, urogallos, rebecos, etc, y el hombre. Y ahí es donde retomo el lugar del pastor antes mencionado, José Diego Santos, Pepe a secas.
Junto a la cabaña, y el fresno que plantó al ir a la mili


Este es una persona, no muy alta, pero de complexión robusta. Armado con sus muletas, pues esta casi impedido de las piernas, corre detrás de las vacas en la majada de Piedrafita, las atropa, vigila sus partos, les da su medicina, si la precisan, y ellas le ven como el guardián al que siempre tienen de guía, amén del perro pastor que no se separa de su lado. Aquél es su mundo y lo conoce como la palma de la mano, a él acuden biólogos y guardas de la consejería, cuando tienen que hacer cualquier recuento, y él les enumera de seguido el número de urogallos, machos y hembras, venados, camadas de jabalí, lobos y lobas recién paridas, y así un sinfín de especies que por allí deambulan, pues a todas conoce. No fue a ninguna universidad y los estudios tiene los elementales, pero puede dar una lección sobre biología y medioambiente, al más reputado catedrático.
Pepe, junto al Cuetón de les Travieses


Consciente de su estado físico, asegura que ya no volverá más al monte, que se retirara a un asilo, pero no se lo dice a cualquiera, sino que los primeros en conocer esa intención son los árboles del bosque de Purupintu, a los que les escribe en su piel esa preocupación, y la pena que le da separarse de ellos. Así, encontramos hayas frondosas, con una carta de despedida de Pepe “ Me voy, este es mi último año.1997”. Otra cercana “ Esta vez, de verdad. Adios.1998” En algunas talla la cabeza de un rebeco y en otras valiéndose de su conocimiento del francés, pues estuvo veinte años en Belgica “ Au revoir. Fini, me voy para siempre,adieu” Asi, multitud de fayas y robles, tienen una carta autógrafa de Pepe, y el bosque es como una muestra artística en plena naturaleza casina, que nos ofrece la escritura tallada, de una persona enamorada profundamente de aquel lugar en cada uno de sus árboles, que quedaran como permanentes testigos del hombre que compartió con ellos los días y las noches, los soles y las tempestades, y las que vio tantas veces desprenderse de sus hojas, como años lleva encima el viejo pastor, y que poco a poco, como él dice “me empujan hacia el asilo”.
Una de tantas hayas con los escritos de Pepe


Este año, compartimos con él una botella de vino, y un poco de chorizo, en el paraje espectacular de Piedrafita, y nos enseño su último “graffiti” en una vieja haya “ Me despido de ti,Purupintu,J.D.S 2011” ( Son las iniciales de José Diego Santos) Y no pudo más que entrarnos una congoja muy grande, sabiendo que posiblemente no volveríamos a encontrarnos a una persona de su grandeza en aquellos queridos montes de Casu.


Luego dirigió sus doloridas piernas, que apoyadas en las muletas, recorrieron el camino hasta su vieja cabaña, donde en un camastro de hojas de helecho, se tumbo “ a facer un pocu tiempo, hasta la nuechi”.
Cama en el interior de la cabaña de Pepe

Pastores en una majada


Todo un personaje, y como él tantos otros, que llevaron esa misma vida, Manolo Prado, de Caleao, Oscar Aladro, de Brafafría, pastores de Tarna, Bezanes ,Coballes y tantos pueblos casinos que habitaron aquellas humildes cabañas, pero con la grandeza de haber sido los forjadores de lo que hoy, sus sucesores muestran orgullosos, aunque de aquella grandeza, por desgracia solo queda alguna cabaña en pie, y muchas piedras caídas alrededor. Y por ahora y esperemos que incumpla su promesa de retirarse, Jose Diego. Pepe, de Orlé.
Monchu Calvo

martes, 11 de octubre de 2011

La feria d´octubre en Casu

El concurso de ganado de Caso, el segundo más antiguo de Asturias, celebró ayer su 119.ª edición con todo tipo de actividades: certamen y exposición de unas 340 reses, muestra de artesanía, talleres de madera en vivo, la entrega de los premios «Casín del año» y «Artesano del año» a Vicente González de Cangas y Juan Lozano Corral, la comida de hermandad y la verbena final.



La jornada comenzó temprano, con la llegada de los animales al recinto ferial de Campo de Caso. En total hubo 340 reses. El alcalde casín, Tomás Cueria, indicó que «el objetivo de que la jornada se convirtiera en una fiesta para los vecinos se ha cumplido». El regidor apuntó que este año se han repartido entre los ganaderos locales un total de 14.000 euros en premios. «A pesar de los tiempos en los que estamos», explicó Tomás Cueria, «queremos seguir apostando por el sector ganadero en Caso, y los premios, que son un incentivo, han sido importantes». El alcalde, además, indicó que este año 2011 puede ser bueno para el sector agroganadero del municipio. «Ha sido un buen año para el ganado. En el concurso las reses tenían muy buena presencia». Además, «hay que felicitarse porque la Unión Europea haya dado el visto bueno a la Denominación de Origen para el queso Casín».



De forma simultánea al certamen se celebraba en la plaza del ayuntamiento la Feria de Artesanía y el mercado tradicional, que contó con una veintena de puestos de venta. Tras la celebración del concurso fue el turno de la entrega de premios y distinciones. El médico Vicente González de Cangas, «Casín del año», se mostró «profundamente agradecido» por el galardón, concedido por unanimidad de los grupos municipales. «Ha sido algo muy emotivo», explicó el premiado.

Pasadas las cuatro de la tarde los asistentes -ganaderos, artesanos, vecinos y visitantes- pudieron disfrutar del asado tradicional, que se sirvió en el polideportivo.





Ya a las ocho y media se dio paso a la fiesta con la celebración del día del socio de la sociedad de festejos Arniciu y a continuación, con la verbena preparada por festejos del Ballarte con «Trapecio» y «Félix y sus teclados».