El titulo de esta entrada, bien podía ser también: El hombre enamorado de los montes ó el hombre que escuchaba al viento, por ejemplo.
En nuestro concejo de Caso, aunque yo personalice en un hombre: José Diego, de Orlé, todavía quedan ejemplos donde el mundo de los pastos de altura, y la consiguiente trashumancia de los mismos a las mayadas casinas, significó una forma de vida indisolublemente ligada a la subsistencia.
Mayada del Castiellu, con Oscar Aladro, de Brañafría
Con el sostén que suponía la estancia de un buen número de reses en los montes, en las épocas donde los pueblos, sobre todo por el verano, sus gentes se afanaban en recoger la hierba y las cosechas para luego aguantar los duros inviernos, estas reses se mantenían de forma simple, alimentándose de los pastos que esas zonas de montaña proporcionaban de forma generosa, así como agua de las múltiples fuentes y riegas, que la sabiduría de aquellas gentes procuraba que existiesen en todas las mayadas.
Hoy aquella forma de vida tan ancestral, pudiéramos decir que está desaparecida, ó por lo menos, ya no se realiza como antes. Las antaño pobladas cabañas, yacen derruidas, en gran parte, y si alguna se mantiene en pie es gracias al tesón de sus antiguos moradores, ó posiblemente de sus descendientes, que les dedican el esfuerzo físico y también económico para evitar su desaparición. La administración aunque se les llena la boca con grandes proyectos de recuperación de caminos y mantenimiento de algunas de las mayadas más emblemáticas, con premios incluidos en organismos capitalinos, no deja de ser una mera declaración de intenciones, pues el resultado es difícilmente visible, ó por lo menos no se percibe como hacían antiguamente los propios vecinos que se encargaban de la atención de las sendas, bebezones, cabañas, e incluso elementos de entretenimiento, como las boleras, que había en una buena parte de esos poblamientos, y que se desempeñaba sin que ninguna norma escrita lo obligara. Solamente el acuerdo entre los vecinos fijaba cuando había que repararse tal o cual camino, fuente, cierre, etc.. No había dinero de ningún organismo que ayudara, solamente el trabajo de aquellas gentes, que se preocupaban de mantener aquel equilibrio entre la naturaleza y los humanos, y en ese equilibrio compartían espacio, vacas, perros, jabalíes, urogallos, rebecos, etc, y el hombre. Y ahí es donde retomo el lugar del pastor antes mencionado, José Diego Santos, Pepe a secas.
Junto a la cabaña, y el fresno que plantó al ir a la mili
Este es una persona, no muy alta, pero de complexión robusta. Armado con sus muletas, pues esta casi impedido de las piernas, corre detrás de las vacas en la majada de Piedrafita, las atropa, vigila sus partos, les da su medicina, si la precisan, y ellas le ven como el guardián al que siempre tienen de guía, amén del perro pastor que no se separa de su lado. Aquél es su mundo y lo conoce como la palma de la mano, a él acuden biólogos y guardas de la consejería, cuando tienen que hacer cualquier recuento, y él les enumera de seguido el número de urogallos, machos y hembras, venados, camadas de jabalí, lobos y lobas recién paridas, y así un sinfín de especies que por allí deambulan, pues a todas conoce. No fue a ninguna universidad y los estudios tiene los elementales, pero puede dar una lección sobre biología y medioambiente, al más reputado catedrático.
Pepe, junto al Cuetón de les Travieses
Consciente de su estado físico, asegura que ya no volverá más al monte, que se retirara a un asilo, pero no se lo dice a cualquiera, sino que los primeros en conocer esa intención son los árboles del bosque de Purupintu, a los que les escribe en su piel esa preocupación, y la pena que le da separarse de ellos. Así, encontramos hayas frondosas, con una carta de despedida de Pepe “ Me voy, este es mi último año.1997”. Otra cercana “ Esta vez, de verdad. Adios.1998” En algunas talla la cabeza de un rebeco y en otras valiéndose de su conocimiento del francés, pues estuvo veinte años en Belgica “ Au revoir. Fini, me voy para siempre,adieu” Asi, multitud de fayas y robles, tienen una carta autógrafa de Pepe, y el bosque es como una muestra artística en plena naturaleza casina, que nos ofrece la escritura tallada, de una persona enamorada profundamente de aquel lugar en cada uno de sus árboles, que quedaran como permanentes testigos del hombre que compartió con ellos los días y las noches, los soles y las tempestades, y las que vio tantas veces desprenderse de sus hojas, como años lleva encima el viejo pastor, y que poco a poco, como él dice “me empujan hacia el asilo”.
Una de tantas hayas con los escritos de Pepe
Este año, compartimos con él una botella de vino, y un poco de chorizo, en el paraje espectacular de Piedrafita, y nos enseño su último “graffiti” en una vieja haya “ Me despido de ti,Purupintu,J.D.S 2011” ( Son las iniciales de José Diego Santos) Y no pudo más que entrarnos una congoja muy grande, sabiendo que posiblemente no volveríamos a encontrarnos a una persona de su grandeza en aquellos queridos montes de Casu.
Luego dirigió sus doloridas piernas, que apoyadas en las muletas, recorrieron el camino hasta su vieja cabaña, donde en un camastro de hojas de helecho, se tumbo “ a facer un pocu tiempo, hasta la nuechi”.
Cama en el interior de la cabaña de Pepe
Pastores en una majada
Todo un personaje, y como él tantos otros, que llevaron esa misma vida, Manolo Prado, de Caleao, Oscar Aladro, de Brafafría, pastores de Tarna, Bezanes ,Coballes y tantos pueblos casinos que habitaron aquellas humildes cabañas, pero con la grandeza de haber sido los forjadores de lo que hoy, sus sucesores muestran orgullosos, aunque de aquella grandeza, por desgracia solo queda alguna cabaña en pie, y muchas piedras caídas alrededor. Y por ahora y esperemos que incumpla su promesa de retirarse, Jose Diego. Pepe, de Orlé.
Monchu Calvo
miércoles, 26 de octubre de 2011
martes, 11 de octubre de 2011
La feria d´octubre en Casu
El concurso de ganado de Caso, el segundo más antiguo de Asturias, celebró ayer su 119.ª edición con todo tipo de actividades: certamen y exposición de unas 340 reses, muestra de artesanía, talleres de madera en vivo, la entrega de los premios «Casín del año» y «Artesano del año» a Vicente González de Cangas y Juan Lozano Corral, la comida de hermandad y la verbena final.
La jornada comenzó temprano, con la llegada de los animales al recinto ferial de Campo de Caso. En total hubo 340 reses. El alcalde casín, Tomás Cueria, indicó que «el objetivo de que la jornada se convirtiera en una fiesta para los vecinos se ha cumplido». El regidor apuntó que este año se han repartido entre los ganaderos locales un total de 14.000 euros en premios. «A pesar de los tiempos en los que estamos», explicó Tomás Cueria, «queremos seguir apostando por el sector ganadero en Caso, y los premios, que son un incentivo, han sido importantes». El alcalde, además, indicó que este año 2011 puede ser bueno para el sector agroganadero del municipio. «Ha sido un buen año para el ganado. En el concurso las reses tenían muy buena presencia». Además, «hay que felicitarse porque la Unión Europea haya dado el visto bueno a la Denominación de Origen para el queso Casín».
De forma simultánea al certamen se celebraba en la plaza del ayuntamiento la Feria de Artesanía y el mercado tradicional, que contó con una veintena de puestos de venta. Tras la celebración del concurso fue el turno de la entrega de premios y distinciones. El médico Vicente González de Cangas, «Casín del año», se mostró «profundamente agradecido» por el galardón, concedido por unanimidad de los grupos municipales. «Ha sido algo muy emotivo», explicó el premiado.
Pasadas las cuatro de la tarde los asistentes -ganaderos, artesanos, vecinos y visitantes- pudieron disfrutar del asado tradicional, que se sirvió en el polideportivo.
Ya a las ocho y media se dio paso a la fiesta con la celebración del día del socio de la sociedad de festejos Arniciu y a continuación, con la verbena preparada por festejos del Ballarte con «Trapecio» y «Félix y sus teclados».
La jornada comenzó temprano, con la llegada de los animales al recinto ferial de Campo de Caso. En total hubo 340 reses. El alcalde casín, Tomás Cueria, indicó que «el objetivo de que la jornada se convirtiera en una fiesta para los vecinos se ha cumplido». El regidor apuntó que este año se han repartido entre los ganaderos locales un total de 14.000 euros en premios. «A pesar de los tiempos en los que estamos», explicó Tomás Cueria, «queremos seguir apostando por el sector ganadero en Caso, y los premios, que son un incentivo, han sido importantes». El alcalde, además, indicó que este año 2011 puede ser bueno para el sector agroganadero del municipio. «Ha sido un buen año para el ganado. En el concurso las reses tenían muy buena presencia». Además, «hay que felicitarse porque la Unión Europea haya dado el visto bueno a la Denominación de Origen para el queso Casín».
De forma simultánea al certamen se celebraba en la plaza del ayuntamiento la Feria de Artesanía y el mercado tradicional, que contó con una veintena de puestos de venta. Tras la celebración del concurso fue el turno de la entrega de premios y distinciones. El médico Vicente González de Cangas, «Casín del año», se mostró «profundamente agradecido» por el galardón, concedido por unanimidad de los grupos municipales. «Ha sido algo muy emotivo», explicó el premiado.
Pasadas las cuatro de la tarde los asistentes -ganaderos, artesanos, vecinos y visitantes- pudieron disfrutar del asado tradicional, que se sirvió en el polideportivo.
Ya a las ocho y media se dio paso a la fiesta con la celebración del día del socio de la sociedad de festejos Arniciu y a continuación, con la verbena preparada por festejos del Ballarte con «Trapecio» y «Félix y sus teclados».
lunes, 19 de septiembre de 2011
L´ultimu viaxe de Manolín de Lorio
Como si el mal tiempo, preámbulo del cercano otoño, quisiera rendir también homenaje a Manolín de Lorío, nos quiso acompañar durante toda la travesía hasta el picu La Peruyera.
Un grupo de amigos deseamos recorrer con sus cenizas el tramo que él tantas veces realizaría solo ó con sus compañeros de los “Caxigales”. Allí manifestó a sus cercanos que quería reposar para siempre, posiblemente porque aquel lugar, inhóspito y de difícil acceso, significó un poco de tranquilidad y de descanso, cuando sus perseguidores no daban tregua en su búsqueda.
Desde aquel lugar, controlaban los dos valles, el de Laviana y el de Sobrescobio, atento él y sus compañeros, a cualquier movimiento ó ruido que no fuera el producido por el viento ó algún raposu que merodease por allí. Precisamente, la angosta cueva que sirvió tantas veces de escondite, lleva ese nombre : cueva el Raposu, y hoy los pastores que llevan sus cabras y ovejas aquellas alturas, la tienen tapada con ramas para evitar que las alimañas puedan usarla de guarida, la que antes sirvió de cobijo aquellos infelices.
El lugar, salvo una torre de alta tensión, permanece como eran en los tiempos de Manolín. Siguen las cabras y las ovejas por aquellos parajes con los perros vigilando el rebaño, y que nosotros fuimos sorteando, casi por instinto, con la lluvia y la niebla calando nuestras ropas, y a la vez pensando en la vida de aquellas gentes, que en condiciones mucho mas adversas que las nuestras, fueron capaces de sobrevivir tantos años, perseguidos con saña, pasando hambre y frio, y llevando una vida que posiblemente para las alimañas de nuestros montes fuera infinitamente mejor.
Ayer al esparcir su sobrino las cenizas sobre el valle de Lorio, parecía que la niebla se apropiaba de ellas, y juntos, la niebla y los restos de Manolín, se fundían entre los montes y las casas del pueblo que le dio la vida, para no separarse nunca más.
Descanse en paz, Manolín de Lorío,”el fugau”, un hombre que fue fiel a sus principios en todas las circunstancias de su larga vida, igual en las cárceles, donde pasó veinte años de su vida hasta su muerte en la antesala del otoño de su querida tierra de Laviana.
http://balquemau.blogspot.com/2011_02_01_archive.html
Un grupo de amigos deseamos recorrer con sus cenizas el tramo que él tantas veces realizaría solo ó con sus compañeros de los “Caxigales”. Allí manifestó a sus cercanos que quería reposar para siempre, posiblemente porque aquel lugar, inhóspito y de difícil acceso, significó un poco de tranquilidad y de descanso, cuando sus perseguidores no daban tregua en su búsqueda.
Desde aquel lugar, controlaban los dos valles, el de Laviana y el de Sobrescobio, atento él y sus compañeros, a cualquier movimiento ó ruido que no fuera el producido por el viento ó algún raposu que merodease por allí. Precisamente, la angosta cueva que sirvió tantas veces de escondite, lleva ese nombre : cueva el Raposu, y hoy los pastores que llevan sus cabras y ovejas aquellas alturas, la tienen tapada con ramas para evitar que las alimañas puedan usarla de guarida, la que antes sirvió de cobijo aquellos infelices.
El lugar, salvo una torre de alta tensión, permanece como eran en los tiempos de Manolín. Siguen las cabras y las ovejas por aquellos parajes con los perros vigilando el rebaño, y que nosotros fuimos sorteando, casi por instinto, con la lluvia y la niebla calando nuestras ropas, y a la vez pensando en la vida de aquellas gentes, que en condiciones mucho mas adversas que las nuestras, fueron capaces de sobrevivir tantos años, perseguidos con saña, pasando hambre y frio, y llevando una vida que posiblemente para las alimañas de nuestros montes fuera infinitamente mejor.
Ayer al esparcir su sobrino las cenizas sobre el valle de Lorio, parecía que la niebla se apropiaba de ellas, y juntos, la niebla y los restos de Manolín, se fundían entre los montes y las casas del pueblo que le dio la vida, para no separarse nunca más.
Descanse en paz, Manolín de Lorío,”el fugau”, un hombre que fue fiel a sus principios en todas las circunstancias de su larga vida, igual en las cárceles, donde pasó veinte años de su vida hasta su muerte en la antesala del otoño de su querida tierra de Laviana.
http://balquemau.blogspot.com/2011_02_01_archive.html
martes, 17 de mayo de 2011
III Dia de les mayaes- La Gallera
El paisaje del Parque Natural de Redes tiene entre la zona de
Belerda y Les Llanes su máximo exponente lo que lleva implícita
la presencia de una extensa gama de valores naturales cuajados de
angosturas y desfiladeros como el de Cebatón y densas manchas
forestales como la de Quixaorio, que están coronadas por las agu
jas de la sierra de La Canalina. Éstas, se elevan vigilantes sobre
las majadas de La Gallera, La Braña, Pandefresno, Les Fuexes y
muchas más, desparramadas por una orografía que representa el
hábitat perfecto donde coexiste una fauna protegida y salvaje.
Estas majadas se sitúan a la falda de estas montañas, y están
comunicadas por los caminos reales que fueron y son transitados
hasta nuestros días por los pastores de la zona.
La geografía de esta comarca culmina en el Visu la Grande (1.708
m) , pico coronado por un mojón geodésico que se prolonga después
por los resaltes de la collada Jistra hacia el último eslabón situado en
el Pico Cuervu (1.581 m), que constituye el mirador natural de estas
majadas. Por todo su entorno se describen varios itinerarios, unos
largos y costosos, otros de fácil consecución, cuya elección va en función de las fuerzas físicas de cada cual. Lo que no cabe duda es que cualquiera de los elegidos ha de realizarse con sentido de disfrute de la naturaleza sin prisas y apresuramientos, teniendo en cuenta que discurren algunos de ellos por una zona de Uso Restringido, para cuyo paso es necesario el permiso correspondiente para adentrarse en la misma.
Belerda (645 m), aldea ubicada a 0,5 km de la carretera AS 17 Avilés-Puerto de Tarna, a su paso por Soto de Caso, es sin duda el lugar idóneo de partida para acometer este itinerario .
Belerda es un núcleo eminentemente ganadero que preside las bondades naturales de su valle y posee una
capilla que está bajo la advocación de la Virgen de la Ascensión. Su paisaje alpino que confina el valle está dominado por la peña El Casar por un lado y los últimos declives de la sierra de La Canalina por el opuesto. Entre ambos discurre el río Quixaorio que rinde sus aguas al río Nalón.
Desde la plaza del pueblo, abordamos la pista de acceso a La Collaina que inicialmente atraviesa la maraña de caleyas que están jalonadas de casas con arquitectura de tipología popular asturiana.
Dirigimos nuestros pasos hacia el oeste, apoderándonos
del valle Quixaorio por donde la pista describe un tobogán
por su margen derecho, en el sentido de Ia marcha. Hemos de
cruzar por una serie de brañas como El Montés, El Llosón, El Collado;
y un largo etcétera que gradualmente se van asomando al camino.
El bosque, omnipresente, toma parte de este escenario natural , por encima del cual se elevan las montañas más significativas que rasgan las nubes diagonalmente. De manera sostenida proseguimos con
nuestra marcha, con algún que otro altibajo. Después cruzaremos al
lado de la fuente El Playu, que nos queda a la derecha mientras que
la ruta a seguir continúa siempre muy reconocible. Tras abandonar el bosque, prosigue la dura progresión entre los espacios abiertos de esta ladera cubierta de retamas, a la vez que a nuestras espaldas los paisajes se van sucediendo hacia el Alto Valle del Nalón, con panorámicas que cubren un buena parte de la geografía casina.
Los últimos toboganes nos conducen sin pérdida posible, hasta agotar el
valle Quixaorio en el lugar conocido como La Collaina (1.214m)
Este es un estratégico collado, ubicado sobre los abiertos horizontes del Nalón y cargados de paisajes de ensueño. Desde aquí ,y asomados a los valles de La Viciella y Ios Arrudos, obviamos la pista que baja directa a La Braña y giramos bruscamente al Sur, siguiendo la traza de otra pista que se interna a media ladera para concluir en la recóndita mayada de La Gallera ( 1.250 mts)
El mayau reparte sus cuatro cabañas sobre una herbosa plataforma con dos abrevaderos, uno a la entrada y el otro a la salida de la misma, en dirección hacia la Jistra .
La Gallera es uno de los lugares más hermosos de esta sierra,dominante de un amplio abanico de paisajes alpinos ,pocas veces logrado. A nuestros pies y mirando al Norte observamos la ruta a
seguir en dirección a Les Llanes .La llevamos a cabo siguiendo la
traza de un sendero que navega en acusado descenso en dirección
a La Braña.( 1.101m ), hermosa mayada ubicada al socaire de todos los vientos procedentes de los valles limítrofes y extendida sobre una tarima vegetal con casa incluida.
A la izquierda arranca el camino que baja directo al pueblo de La
Felguerina que debemos de soslayar por lo que hemos de avanzar
al frente bajo una algarabía de acebos que jalonan el camino.
Caminamos en llano y enfrentados al pico Porrón de Bustiello,
montaña que nos intercepta el paisaje septentrional por lo que
vamos directos hasta su base, donde tiene su asiento la majada de
Les Fuexes (1.018 m),y que además constituye el encuentro con el desvío de otra pista que desciende por el Pereu hacia la carretera de acceso a La Felguerina. Obviamente aquí hemos de cambiar el rumbo al norte puesto que ya estamos colocados en Ia bocana de la foz de Cebatón, arteria orográfica por donde tenemos que descender . Estamos inmersos en esta gran
mancha forestal que atesora valiosísima variedad de elementos
faunísticos y florísticos, bajo los cuales, la limpia corteza vegetal
deja al descubierto el sendero. Desciende con amplia traza hasta
la majada de La Viciella (822 ¡n), y las
dos cabañas allí instaladas ocupan la base de un escenario geológico, que fue antigua cuenca glaciar coronada en las alturas por
el valladar alpino. Surgió durante la época de los deshielos cuando
el agua horadó la impresionante entalladura formada por los
declives de la peña El Casar y el Porrón de Bustiello.
La ruta se adentra a partir de la puerta metálica, por la angostura del valle siguiendo el camino original, también protagonista de este
espacio, que empedrado todo él, sobresale en medio de esta colosal
fortaleza pétrea.
Hemos de cambiar de margen e n diferentes ocasiones,
como también lo hizo el cauce del río, que durante las pasadas
riadas, dejó el veterano camino en muy malas condiciones. Más
abajo tendremos la oportunidad de contemplar una bonita cascada y
cuando el desfiladero abre sus murallas y asoma tímidamente en lo
más hondo del valle la aldea de Les Llanes. Más adelante y a la altura
de Prau Redondu. nos sale al encuentro su fuente que además
tiene a su vera una techumbre como cobijo.
Al llegar a las cercanías de Tablizu el camino amplía su traza ante una zona que mantuvo en activo hasta hace unos años una explotación minera (Les Llames). Todavía hemos de atravesar e l rio en dos ocasiones más cuando nos aproximamos al lugar denominado el Prindal ,culminando la marcha al llegar a Les Llanes ( 553m ) ,9.7 km en 4 h, punto kilométrico 5 3,5, de la antigua carretera AS- 17.
Concluye así esta bonita excursión que nos permite contemplar uno de los paisajes más hermosos de la geografía casina, y que en esta ocasión, aunque el tiempo no acompañó, disfrutamos de la marcha y del excelente asado que nos ofreció el ayuntamiento casín, al módico precio de quince euros.
Belerda y Les Llanes su máximo exponente lo que lleva implícita
la presencia de una extensa gama de valores naturales cuajados de
angosturas y desfiladeros como el de Cebatón y densas manchas
forestales como la de Quixaorio, que están coronadas por las agu
jas de la sierra de La Canalina. Éstas, se elevan vigilantes sobre
las majadas de La Gallera, La Braña, Pandefresno, Les Fuexes y
muchas más, desparramadas por una orografía que representa el
hábitat perfecto donde coexiste una fauna protegida y salvaje.
Estas majadas se sitúan a la falda de estas montañas, y están
comunicadas por los caminos reales que fueron y son transitados
hasta nuestros días por los pastores de la zona.
La geografía de esta comarca culmina en el Visu la Grande (1.708
m) , pico coronado por un mojón geodésico que se prolonga después
por los resaltes de la collada Jistra hacia el último eslabón situado en
el Pico Cuervu (1.581 m), que constituye el mirador natural de estas
majadas. Por todo su entorno se describen varios itinerarios, unos
largos y costosos, otros de fácil consecución, cuya elección va en función de las fuerzas físicas de cada cual. Lo que no cabe duda es que cualquiera de los elegidos ha de realizarse con sentido de disfrute de la naturaleza sin prisas y apresuramientos, teniendo en cuenta que discurren algunos de ellos por una zona de Uso Restringido, para cuyo paso es necesario el permiso correspondiente para adentrarse en la misma.
Belerda (645 m), aldea ubicada a 0,5 km de la carretera AS 17 Avilés-Puerto de Tarna, a su paso por Soto de Caso, es sin duda el lugar idóneo de partida para acometer este itinerario .
Belerda es un núcleo eminentemente ganadero que preside las bondades naturales de su valle y posee una
capilla que está bajo la advocación de la Virgen de la Ascensión. Su paisaje alpino que confina el valle está dominado por la peña El Casar por un lado y los últimos declives de la sierra de La Canalina por el opuesto. Entre ambos discurre el río Quixaorio que rinde sus aguas al río Nalón.
Desde la plaza del pueblo, abordamos la pista de acceso a La Collaina que inicialmente atraviesa la maraña de caleyas que están jalonadas de casas con arquitectura de tipología popular asturiana.
Dirigimos nuestros pasos hacia el oeste, apoderándonos
del valle Quixaorio por donde la pista describe un tobogán
por su margen derecho, en el sentido de Ia marcha. Hemos de
cruzar por una serie de brañas como El Montés, El Llosón, El Collado;
y un largo etcétera que gradualmente se van asomando al camino.
El bosque, omnipresente, toma parte de este escenario natural , por encima del cual se elevan las montañas más significativas que rasgan las nubes diagonalmente. De manera sostenida proseguimos con
nuestra marcha, con algún que otro altibajo. Después cruzaremos al
lado de la fuente El Playu, que nos queda a la derecha mientras que
la ruta a seguir continúa siempre muy reconocible. Tras abandonar el bosque, prosigue la dura progresión entre los espacios abiertos de esta ladera cubierta de retamas, a la vez que a nuestras espaldas los paisajes se van sucediendo hacia el Alto Valle del Nalón, con panorámicas que cubren un buena parte de la geografía casina.
Los últimos toboganes nos conducen sin pérdida posible, hasta agotar el
valle Quixaorio en el lugar conocido como La Collaina (1.214m)
Este es un estratégico collado, ubicado sobre los abiertos horizontes del Nalón y cargados de paisajes de ensueño. Desde aquí ,y asomados a los valles de La Viciella y Ios Arrudos, obviamos la pista que baja directa a La Braña y giramos bruscamente al Sur, siguiendo la traza de otra pista que se interna a media ladera para concluir en la recóndita mayada de La Gallera ( 1.250 mts)
El mayau reparte sus cuatro cabañas sobre una herbosa plataforma con dos abrevaderos, uno a la entrada y el otro a la salida de la misma, en dirección hacia la Jistra .
La Gallera es uno de los lugares más hermosos de esta sierra,dominante de un amplio abanico de paisajes alpinos ,pocas veces logrado. A nuestros pies y mirando al Norte observamos la ruta a
seguir en dirección a Les Llanes .La llevamos a cabo siguiendo la
traza de un sendero que navega en acusado descenso en dirección
a La Braña.( 1.101m ), hermosa mayada ubicada al socaire de todos los vientos procedentes de los valles limítrofes y extendida sobre una tarima vegetal con casa incluida.
A la izquierda arranca el camino que baja directo al pueblo de La
Felguerina que debemos de soslayar por lo que hemos de avanzar
al frente bajo una algarabía de acebos que jalonan el camino.
Caminamos en llano y enfrentados al pico Porrón de Bustiello,
montaña que nos intercepta el paisaje septentrional por lo que
vamos directos hasta su base, donde tiene su asiento la majada de
Les Fuexes (1.018 m),y que además constituye el encuentro con el desvío de otra pista que desciende por el Pereu hacia la carretera de acceso a La Felguerina. Obviamente aquí hemos de cambiar el rumbo al norte puesto que ya estamos colocados en Ia bocana de la foz de Cebatón, arteria orográfica por donde tenemos que descender . Estamos inmersos en esta gran
mancha forestal que atesora valiosísima variedad de elementos
faunísticos y florísticos, bajo los cuales, la limpia corteza vegetal
deja al descubierto el sendero. Desciende con amplia traza hasta
la majada de La Viciella (822 ¡n), y las
dos cabañas allí instaladas ocupan la base de un escenario geológico, que fue antigua cuenca glaciar coronada en las alturas por
el valladar alpino. Surgió durante la época de los deshielos cuando
el agua horadó la impresionante entalladura formada por los
declives de la peña El Casar y el Porrón de Bustiello.
La ruta se adentra a partir de la puerta metálica, por la angostura del valle siguiendo el camino original, también protagonista de este
espacio, que empedrado todo él, sobresale en medio de esta colosal
fortaleza pétrea.
Hemos de cambiar de margen e n diferentes ocasiones,
como también lo hizo el cauce del río, que durante las pasadas
riadas, dejó el veterano camino en muy malas condiciones. Más
abajo tendremos la oportunidad de contemplar una bonita cascada y
cuando el desfiladero abre sus murallas y asoma tímidamente en lo
más hondo del valle la aldea de Les Llanes. Más adelante y a la altura
de Prau Redondu. nos sale al encuentro su fuente que además
tiene a su vera una techumbre como cobijo.
Al llegar a las cercanías de Tablizu el camino amplía su traza ante una zona que mantuvo en activo hasta hace unos años una explotación minera (Les Llames). Todavía hemos de atravesar e l rio en dos ocasiones más cuando nos aproximamos al lugar denominado el Prindal ,culminando la marcha al llegar a Les Llanes ( 553m ) ,9.7 km en 4 h, punto kilométrico 5 3,5, de la antigua carretera AS- 17.
Concluye así esta bonita excursión que nos permite contemplar uno de los paisajes más hermosos de la geografía casina, y que en esta ocasión, aunque el tiempo no acompañó, disfrutamos de la marcha y del excelente asado que nos ofreció el ayuntamiento casín, al módico precio de quince euros.
martes, 1 de marzo de 2011
Monte Caón, el pasu los llobos
La batalla entre el hombre y el lobo, entre el pastor y el depredador, es una de las más viejas que se conoce en el mundo rural, especialmente en esas comarcas de nuestra montaña en las que las lobadas eran relativamente frecuentes y se convertían en una ruina para el ganadero.
Las cosas ya no están exactamente así, como casi todo. Las batallas entre pastores y lobos han entrado por otros derroteros, ya no pasea Domingo de la Puentepiedra al lobo muerto por los pueblos para pedir una propina y hacer una gran fiesta de celebración de la muerte del bicho... pero aún queda un resabio, aún hay una brecha abierta entre defensores del lobo y ganaderos que se encuentran con enormes trabas y papeleos para poder resarcirse de los daños del lobo, cuando es posible, que en muchos casos no les queda más que el lamento. Y mientras eso no se solucione será difícil que esa herida cicatrice, y de eso nuestro concejo casín sabe bastante.
Hoy traemos una vieja historia de lobos y hombres, poco conocida, pero real, de cuando para defender sus ganados de los ataques de la fiera, usaban su astucia para conseguir que el animal o los animales, espantados por los monteros , se precipitaran por la canal que forman las moles de la peña Los Rubios y la peña Falconera.
Vista del monte Caón, desde la carretera de Tanes.
Allí, en el monte Caón, lugar habitual donde Abilio Coto y otros pastores de Tanes llevaban las cabras y ovejas a pastar, se había construido una manga formada por varganales, que acababa en un pozo, donde sin posible escapatoria acababan las alimañas, siendo luego rematadas con largos chuzos ó tridentes.
Recracción virtual del antiguo "chorco"
El origen de esta obra fue cosa de Leandro Pereda, vecino de Tanes, que fue concejal del ayuntamiento casín, antes de la guerra, y queremos trasmitirlo tal como nos lo contaron, en ese “asturiano” tan particular que hablan los habitantes de este concejo.
Leandro Pereda, el de Solán, fu concejal del Ayuntamientu del Campu bastantes años. Y siempre apaeció como hombre honráu, cultu y prudente. Baxu so concejalía feciérense pa Tañes tres coses importantes:
- Concretar los bienes patrimoniales del puelu, que foren, Bañanti, el Valle hasta Yaneces, Covalongues, la Guariza, la Granda y la Collá.
- Señalar los límites de la Riera -demarcación de pastos-, derde la Campera
del Moyón hasta la Carrerina, y derde el monte de Trestorienes hasta la Peña de Prieres.Y así en Tañes los gües iben a la Guariza, les cabres a la riega del Caón, y si estaben sarnoses echábense pa la riega de Fontalba; les oveyes poín subir hasta Espines, les vaques tenín el pastu en tou '1valle y en toa la collá; les caballeríes echábense pa la Cuesta del Cabañón, y los gochos poín estar derde el Cantu la Xerra hasta la Xerra Bernaldón.
Ceder a Sobrescobiu les agües vertientes a esti conceyu. Siendo puntos de
referencia pa ello Bimblenes, la Texerina y el Monte Tornu. En Caón había unos praos qu'eren de Tañes, y que pasaren a ser propiedá de Sobrescobiu, pero con una condición: que batieren tos los llobos que cruzaren per esi pasu. Pa eso tuvieren que facer ellí una manga de cientu cincuenta metros de llargu , con várganos de metro y mediu de altos, y que acababa en un pozu de tres metros de profundidá, que tenía un batiente de rames y una portiella.
Y cuenten que una vez un llobu era tan fieru, que non poín con él, y dicía-y un coyán al otru: «¿Qué fago?». Respondía l´ otru: «matálu": espetállu ena trente». Y golvió a dicer el primeru: «Con tou eso non muerre>>
por fin dixo l´otru: “Pos entós lo que tienes que facer ye casállu cola mio mujer, que lu matara a disgustos".
y como remate saltó l´otru: «Si, ¡pero la to muyer ye casina...!».
Hoy, como mostramos en estas imágenes, ya no queda nada del ancestral “chorco”, ningún resto que atestigüe las monterías que allí se celebraron, y los muchos “llobos” que los “coyanes” cazaron en el monte Caón.
Camin a Tanes, donde se revuelquen los xabalíes.
Aquel antiguo camino que bajaba hasta el pueblo, yace hoy olvidado bajo las aguas del pantano de Tanes, y con él, el olvido y la historia de tantos pueblos y tradiciones del que solo las aguas son mudos testigos de su historia.
La recreación del antiguo chorco, es un montaje fotográfico en el que nos servimos del posiblemente único que sigue en pie, situado en la zona de Valdeón, paraje de Corona ( Picos de Europa) y aportamos eso sí, nuestro paisaje. El lugar es real, lo que allí aconteció, también. La empalizada y el pozo, son de otro paraje.
Aquí estaba situado el pozo donde caían los llobos.
Uno de los últimos lobos cazados en Redes.
Si algún caminante estuviera interesado en visitar el sitio, la mejor, por no decir la única opción, seria llegarse al pueblo de Ladines, en el vecino concejo de Sobrescobio, y de allí subir hasta les collades, desde donde se tiene una magnífica vista de todo el valle del Nalón y los pueblos de Tanes , Abantru y Prieres. En la ladera que se desploma hacia el pantano, que forma una canal, estaba situada la trampa de los llobos.
Monchu Calvo
Las cosas ya no están exactamente así, como casi todo. Las batallas entre pastores y lobos han entrado por otros derroteros, ya no pasea Domingo de la Puentepiedra al lobo muerto por los pueblos para pedir una propina y hacer una gran fiesta de celebración de la muerte del bicho... pero aún queda un resabio, aún hay una brecha abierta entre defensores del lobo y ganaderos que se encuentran con enormes trabas y papeleos para poder resarcirse de los daños del lobo, cuando es posible, que en muchos casos no les queda más que el lamento. Y mientras eso no se solucione será difícil que esa herida cicatrice, y de eso nuestro concejo casín sabe bastante.
Hoy traemos una vieja historia de lobos y hombres, poco conocida, pero real, de cuando para defender sus ganados de los ataques de la fiera, usaban su astucia para conseguir que el animal o los animales, espantados por los monteros , se precipitaran por la canal que forman las moles de la peña Los Rubios y la peña Falconera.
Vista del monte Caón, desde la carretera de Tanes.
Allí, en el monte Caón, lugar habitual donde Abilio Coto y otros pastores de Tanes llevaban las cabras y ovejas a pastar, se había construido una manga formada por varganales, que acababa en un pozo, donde sin posible escapatoria acababan las alimañas, siendo luego rematadas con largos chuzos ó tridentes.
Recracción virtual del antiguo "chorco"
El origen de esta obra fue cosa de Leandro Pereda, vecino de Tanes, que fue concejal del ayuntamiento casín, antes de la guerra, y queremos trasmitirlo tal como nos lo contaron, en ese “asturiano” tan particular que hablan los habitantes de este concejo.
Leandro Pereda, el de Solán, fu concejal del Ayuntamientu del Campu bastantes años. Y siempre apaeció como hombre honráu, cultu y prudente. Baxu so concejalía feciérense pa Tañes tres coses importantes:
- Concretar los bienes patrimoniales del puelu, que foren, Bañanti, el Valle hasta Yaneces, Covalongues, la Guariza, la Granda y la Collá.
- Señalar los límites de la Riera -demarcación de pastos-, derde la Campera
del Moyón hasta la Carrerina, y derde el monte de Trestorienes hasta la Peña de Prieres.Y así en Tañes los gües iben a la Guariza, les cabres a la riega del Caón, y si estaben sarnoses echábense pa la riega de Fontalba; les oveyes poín subir hasta Espines, les vaques tenín el pastu en tou '1valle y en toa la collá; les caballeríes echábense pa la Cuesta del Cabañón, y los gochos poín estar derde el Cantu la Xerra hasta la Xerra Bernaldón.
Ceder a Sobrescobiu les agües vertientes a esti conceyu. Siendo puntos de
referencia pa ello Bimblenes, la Texerina y el Monte Tornu. En Caón había unos praos qu'eren de Tañes, y que pasaren a ser propiedá de Sobrescobiu, pero con una condición: que batieren tos los llobos que cruzaren per esi pasu. Pa eso tuvieren que facer ellí una manga de cientu cincuenta metros de llargu , con várganos de metro y mediu de altos, y que acababa en un pozu de tres metros de profundidá, que tenía un batiente de rames y una portiella.
Y cuenten que una vez un llobu era tan fieru, que non poín con él, y dicía-y un coyán al otru: «¿Qué fago?». Respondía l´ otru: «matálu": espetállu ena trente». Y golvió a dicer el primeru: «Con tou eso non muerre>>
por fin dixo l´otru: “Pos entós lo que tienes que facer ye casállu cola mio mujer, que lu matara a disgustos".
y como remate saltó l´otru: «Si, ¡pero la to muyer ye casina...!».
Hoy, como mostramos en estas imágenes, ya no queda nada del ancestral “chorco”, ningún resto que atestigüe las monterías que allí se celebraron, y los muchos “llobos” que los “coyanes” cazaron en el monte Caón.
Camin a Tanes, donde se revuelquen los xabalíes.
Aquel antiguo camino que bajaba hasta el pueblo, yace hoy olvidado bajo las aguas del pantano de Tanes, y con él, el olvido y la historia de tantos pueblos y tradiciones del que solo las aguas son mudos testigos de su historia.
La recreación del antiguo chorco, es un montaje fotográfico en el que nos servimos del posiblemente único que sigue en pie, situado en la zona de Valdeón, paraje de Corona ( Picos de Europa) y aportamos eso sí, nuestro paisaje. El lugar es real, lo que allí aconteció, también. La empalizada y el pozo, son de otro paraje.
Aquí estaba situado el pozo donde caían los llobos.
Uno de los últimos lobos cazados en Redes.
Si algún caminante estuviera interesado en visitar el sitio, la mejor, por no decir la única opción, seria llegarse al pueblo de Ladines, en el vecino concejo de Sobrescobio, y de allí subir hasta les collades, desde donde se tiene una magnífica vista de todo el valle del Nalón y los pueblos de Tanes , Abantru y Prieres. En la ladera que se desploma hacia el pantano, que forma una canal, estaba situada la trampa de los llobos.
Monchu Calvo
jueves, 24 de febrero de 2011
El últimu fugau, Manolín de Lorío
Noventa y tres años miran los ojos de Manolín de Lorio. Toda una vida y desde luego, no fácil precisamente.
Os dejo un pequeño retazo de su historia. Despues de él, ya no quedara nadie vivo para contarla. Las fotos son de este mes de febrero de 2011, en Villoria( Laviana) en un homenaje que se le ofreció.
-Antes salíame bastante bien, pero ahora nun puedo chuflar con fuerza.
Manuel Alonso González, «Manolín el de Llorío», se lleva las manos a la boca tratando de reproducir en vano el sonido de la curuxa. Durante ocho años de su vida el canto de la lechuza fue una de las consignas empleadas en el monte para contactar de forma segura con enlaces y compañeros de otras partidas guerrilleras. Alonso pasó toda su juventud, entre los 18 y los 26 años, aferrado a un fusil, recorriendo hasta la extenuación bosques y laderas, y refugiándose de las fuerzas franquistas en rudimentarias chozas que apenas eran utilizadas unas cuantas noches ante el temor de ser descubierto. A pesar de los peligros y penalidades sufridas, Manolín el de Llorío sobrevivió para contarlo y, a sus 93 años, es uno de los últimos fugaos que, junto con otros pocos como Felipe Matarranz, pueden dar cuenta en primera persona de cómo fue el movimiento maqui en Asturias.
Alonso, natural de la localidad lavianesa de Soto de Lorío, fue criado por un abuelo y una tía materna. La noticia del estallido de la guerra civil lo sorprendió pescando truchas a mano en el río Nalón. Ese mismo día, con sólo 18 años, se alistó como miliciano. Participó en enfrentamientos armados en Oviedo, Tarna y Tineo, y posteriormente fue enviado al País Vasco. La retirada hacia Asturias como consecuencia del avance de las tropas franquistas y la definitiva caída de frente Norte, en octubre de 1937, forzó la huida al monte de cientos de milicianos, entre ellos Manolín el de Lorío.
«En los primeros años había combates todos los días. Había mucha gente que se había echado al monte, pero también había mucha fuerza franquista. Tenían tiendas de campaña en la cima de cada monte y cada tres o cuatro kilómetros en las carreteras; si no conocías el terreno, tenías choques a todas horas», relata Alonso. Pronto la escasez de armamento y balas empezó a limitar la capacidad de acción de los fugaos. «A veces no podías hacer mucha resistencia porque no había suficiente munición. Te ibas abasteciendo con la munición que traían enlaces que estaban haciendo la mili o con lo que conseguías arrebatar a la fuerza franquista; pasó como en la Guerra Civil; si llegamos a tener más armas, todavía están corriendo».
La concentración de Guardia Civil, regulares y contrapartidas en el monte, y la utilización de métodos de represión para cercenar el apoyo a los fugaos en los pueblos motivó que la supervivencia se convirtiera en un reto diario. «Conseguías comida donde podías. Había enlaces que traían harina, patatas y otros alimentos, y también se llevaban a cabo golpes económicos en las aldeas; mientras uno quedaba vigilando el resto recogía comida que cocinábamos por la noche en el monte», relata Alonso. A la hora de bajar a los pueblos maquis y enlaces utilizaban sus particulares «semáforos». Una prenda de un determinado color colgada en un tendal o un trapo colocado en un alféizar informaban sobre si había fuerzas franquistas en las proximidades.
La búsqueda de refugio también obligó a los fugaos a afinar el ingenio. Cuadras, cuevas y una simple manta para pernoctar al raso dieron cobijo muchas noches. Sin embargo, lo habitual era construir chozas camufladas entre el paisaje para protegerse del frío y de los rastreos de las fuerzas franquistas. «Teníamos un serrucho para cortar madera. Las chozas las hacíamos con ramas o con piedras, y las cubríamos con tejas que ibas cogiendo en cada corral. Por encima se ponía una capa de musgo para que quedara camuflada», explica Alonso. El mismo proceso se repetía con asiduidad: «Si daban con una choza, había que cambiar de zona y hacer otra. Estar un mes en el mismo sitio ya era una barbaridad».
Manolín, que durante un tiempo formó parte de la partida de los Caxigales,y frecuentó los montes y pueblos de Caso, donde su memoria todavia permanece en los mas viejos, siempre fue partidario de grupos guerrilleros reducidos -«cinco personas, y tirando largo, seis»- para evitar dejar rastros. Cuando nevaba las cosas se complicaban, porque las huellas nos se podían soslayar: - Alguna vez tuvimos que caminar culo atrás para despistar a la "fuerza". Caían unas nevadas de miedo; había que quedar "achantaos" en la choza hasta que se iba quitando, racionando la comida que tenías-.
En esas largas noches de invierno Alonso y sus compañeros limpiaban las armas, jugaban al tute o recordaban a los que se habían quedado en el llano, expuestos en primera línea. La tía que crió a Manolín murió tras ser arrojada por una buhardilla de un improvisado cuartel en El Condao, tras sufrir la enésima paliza, según él mismo recuerda. «La represión fue brutal, el enano del Pardo era peor que Nerón. Tenían aterrorizada a la gente», esgrime.
Un chivatazo acabó con la fuga de ocho años de Alonso. Sorprendido en una cuadra por las fuerzas franquistas, intentó escapar entre las vacas, pero las heridas causadas por una bomba de mano y varios disparos truncaron el intento. «La vida del maqui es pésima, no se la deseo ni a mi peor enemigo. A pesar de todo lo que pasé, no me arrepiento de nada, porque sin lucha no caminamos», concluye. ¡ Extrañas palabras, para los tiempos que corren ! Sobre todo viniendo de un hombre, que como nos recuerda, volveria a realizar aquella vida, si las circustancias y los años se lo permitieran.
Nos quedamos con su última frase " Sin lucha no caminamos"
Nos suena extraño ¿verdad? Eso ahora no se trae.
Os dejo un pequeño retazo de su historia. Despues de él, ya no quedara nadie vivo para contarla. Las fotos son de este mes de febrero de 2011, en Villoria( Laviana) en un homenaje que se le ofreció.
-Antes salíame bastante bien, pero ahora nun puedo chuflar con fuerza.
Manuel Alonso González, «Manolín el de Llorío», se lleva las manos a la boca tratando de reproducir en vano el sonido de la curuxa. Durante ocho años de su vida el canto de la lechuza fue una de las consignas empleadas en el monte para contactar de forma segura con enlaces y compañeros de otras partidas guerrilleras. Alonso pasó toda su juventud, entre los 18 y los 26 años, aferrado a un fusil, recorriendo hasta la extenuación bosques y laderas, y refugiándose de las fuerzas franquistas en rudimentarias chozas que apenas eran utilizadas unas cuantas noches ante el temor de ser descubierto. A pesar de los peligros y penalidades sufridas, Manolín el de Llorío sobrevivió para contarlo y, a sus 93 años, es uno de los últimos fugaos que, junto con otros pocos como Felipe Matarranz, pueden dar cuenta en primera persona de cómo fue el movimiento maqui en Asturias.
Alonso, natural de la localidad lavianesa de Soto de Lorío, fue criado por un abuelo y una tía materna. La noticia del estallido de la guerra civil lo sorprendió pescando truchas a mano en el río Nalón. Ese mismo día, con sólo 18 años, se alistó como miliciano. Participó en enfrentamientos armados en Oviedo, Tarna y Tineo, y posteriormente fue enviado al País Vasco. La retirada hacia Asturias como consecuencia del avance de las tropas franquistas y la definitiva caída de frente Norte, en octubre de 1937, forzó la huida al monte de cientos de milicianos, entre ellos Manolín el de Lorío.
«En los primeros años había combates todos los días. Había mucha gente que se había echado al monte, pero también había mucha fuerza franquista. Tenían tiendas de campaña en la cima de cada monte y cada tres o cuatro kilómetros en las carreteras; si no conocías el terreno, tenías choques a todas horas», relata Alonso. Pronto la escasez de armamento y balas empezó a limitar la capacidad de acción de los fugaos. «A veces no podías hacer mucha resistencia porque no había suficiente munición. Te ibas abasteciendo con la munición que traían enlaces que estaban haciendo la mili o con lo que conseguías arrebatar a la fuerza franquista; pasó como en la Guerra Civil; si llegamos a tener más armas, todavía están corriendo».
La concentración de Guardia Civil, regulares y contrapartidas en el monte, y la utilización de métodos de represión para cercenar el apoyo a los fugaos en los pueblos motivó que la supervivencia se convirtiera en un reto diario. «Conseguías comida donde podías. Había enlaces que traían harina, patatas y otros alimentos, y también se llevaban a cabo golpes económicos en las aldeas; mientras uno quedaba vigilando el resto recogía comida que cocinábamos por la noche en el monte», relata Alonso. A la hora de bajar a los pueblos maquis y enlaces utilizaban sus particulares «semáforos». Una prenda de un determinado color colgada en un tendal o un trapo colocado en un alféizar informaban sobre si había fuerzas franquistas en las proximidades.
La búsqueda de refugio también obligó a los fugaos a afinar el ingenio. Cuadras, cuevas y una simple manta para pernoctar al raso dieron cobijo muchas noches. Sin embargo, lo habitual era construir chozas camufladas entre el paisaje para protegerse del frío y de los rastreos de las fuerzas franquistas. «Teníamos un serrucho para cortar madera. Las chozas las hacíamos con ramas o con piedras, y las cubríamos con tejas que ibas cogiendo en cada corral. Por encima se ponía una capa de musgo para que quedara camuflada», explica Alonso. El mismo proceso se repetía con asiduidad: «Si daban con una choza, había que cambiar de zona y hacer otra. Estar un mes en el mismo sitio ya era una barbaridad».
Manolín, que durante un tiempo formó parte de la partida de los Caxigales,y frecuentó los montes y pueblos de Caso, donde su memoria todavia permanece en los mas viejos, siempre fue partidario de grupos guerrilleros reducidos -«cinco personas, y tirando largo, seis»- para evitar dejar rastros. Cuando nevaba las cosas se complicaban, porque las huellas nos se podían soslayar: - Alguna vez tuvimos que caminar culo atrás para despistar a la "fuerza". Caían unas nevadas de miedo; había que quedar "achantaos" en la choza hasta que se iba quitando, racionando la comida que tenías-.
En esas largas noches de invierno Alonso y sus compañeros limpiaban las armas, jugaban al tute o recordaban a los que se habían quedado en el llano, expuestos en primera línea. La tía que crió a Manolín murió tras ser arrojada por una buhardilla de un improvisado cuartel en El Condao, tras sufrir la enésima paliza, según él mismo recuerda. «La represión fue brutal, el enano del Pardo era peor que Nerón. Tenían aterrorizada a la gente», esgrime.
Un chivatazo acabó con la fuga de ocho años de Alonso. Sorprendido en una cuadra por las fuerzas franquistas, intentó escapar entre las vacas, pero las heridas causadas por una bomba de mano y varios disparos truncaron el intento. «La vida del maqui es pésima, no se la deseo ni a mi peor enemigo. A pesar de todo lo que pasé, no me arrepiento de nada, porque sin lucha no caminamos», concluye. ¡ Extrañas palabras, para los tiempos que corren ! Sobre todo viniendo de un hombre, que como nos recuerda, volveria a realizar aquella vida, si las circustancias y los años se lo permitieran.
Nos quedamos con su última frase " Sin lucha no caminamos"
Nos suena extraño ¿verdad? Eso ahora no se trae.
lunes, 20 de diciembre de 2010
La Dama del Corralín
En uno de los lugares más agrestes y recónditos del occidente asturiano, cercado por la selva que forman las estribaciones de la reserva biológica de los montes de Muniellos y las antiguas explotaciones de oro de época romana, se encuentra la pequeña aldea del Corralín. Por extraños designios de repartos territoriales, pertenece al concejo de Degaña, aunque enclavada en el interior del concejo de Ibias.
Se accede principalmente por Sisterna, aunque en tiempos pasados había comunicación por caminos y senderos con Tablado y El Bao.

Precisamente desde el cementerio común de Cisterna y El Bao, parte un camino que atravesando un tupido bosque de castaños, nos conduce en una hora, más ó menos a este apartado enclave, después de atravesar por rústicos puentes varias riegas y riachuelos, que logran con dificultad abrirse paso por aquellas peñas inverosímiles.

El pueblo, abandonado por sus últimos vecinos en el año 1969, nos decía Braulio, uno de sus últimos moradores, que antes de su actual ubicación, estaba situado en la collada, al este de Tablado, donde aún se conservan restos , pero problemas con el ganado, que se escapaba a los pastos de Laron, y las inclemencias que sufrían al estar en lugar tan expuesto, los decidió a trasladarse a un lugar cerca del río Ibias, próximo a El Bao.

Allí, donde actualmente perviven las ruinas de sus casas, hubo hace tiempo un prospera comunidad de vecinos, que lo habitaban en los dos barrios que lo componían; El barrio de Abaxo, con 10 casas y la capilla dedicada a San Miguel, y el de arriba, con un molino y un par de edificios.

Capilla de San Miguel
Tenía, nos cuenta Braulio, dos bares, uno de los cuales regentaba él precisamente, y llegó a contar con una abundante población, a pesar de su aislamiento, según nos describe Bellmunt:
El diccionario geográfico de Bellmunt decía así: "San Luis de Tablado.- P. En la Prov. Y dioc. de Oviedo, part. Jud. de Grandas de Salime, ayunt. de Ibias. Sit. en el llano de una alta montaña. Tiene unas 40 casas y una iglesia dedicada a dicho santo, la cual es hijuela de la parr. de Santiago de Degaña. Prod. maíz, centeno, patatas y pastos; se cría ganado vacuno y lanar. Ind. la agrícola, arriería y dos molinos harineros impelidos por las aguas de un arroyo inmediato. Pobl. 42 vecinos = 210 almas".
En el año 1920 Tablado, lugar, contaba con 71 edificios habitados y 319 habitantes de hecho; Corralín, aldea, con 10 edificios y 96 habitantes; Sisterna, lugar, con 47 y 245, y El Bao, lugar, con 41 y 199Ya mas en tiempos recientes, hablaríamos de los años 40 ó 50, habitaban unos 90 vecinos aproximadamente, lo cual nos indica el apego de sus habitantes a tan apartado lugar, que junto con El Bao, Cisterna y Tablado, marca el ángulo que en la denominada comarca cunqueira, forma el valle que mira al alto del Rañadoiro, estando bañado por un riachuelo que confluye mas adelante con el que corre por el valle cunqueiro para aportar juntos sus caudales al río Ibias. En este lugar, aún hoy, se pueden ver con admiración y asombro las grandes obras que los romanos habían realizado. En una ladera de la montaña que rodea al Corralín, situado en un hoyo profundo, semejante a un gran tazón, hay grandes labores mineras de las que se cree que los romanos han extraído abundante cantidad de oro. El sistema de explotación de los grandes filones verticales de cuarzo aurífero, con los pocos elementos de que disponían en aquel tiempo, era el siguiente: hacían grandes hogueras junto a los filones que deseaban deshacer, hasta el punto de que éstos llegaran a un alto grado de temperatura, y era entonces cuando procedían a la apertura de las compuertas de los canales de agua, todavía visibles hoy, que al caer sobre los filones a gran temperatura provocaban su resquebrajamiento y separación, pasando acto seguido a molinos de pequeñas dimensiones, donde el cuarzo era completamente pulverizado para después separar su parte aurífera ya de modo definitivo. Se calcula que se explotaron por este sistema varios millones de toneladas de mineral. De la riqueza aurífera de estos cuarzos da fe el resultado de los análisis efectuados en París en año 1927, como consecuencia de los cuales vino una expedición de ingenieros franceses que procedió al estudio de una posible explotación tan pronto como las vías de comunicación lo permitiesen.

Ruinas del pueblo
A resultas de la abundancia de este mineral en pasados tiempos, se forjaron leyendas como la de unas personas que buscando un cofre que decían que estaba enterrado por aquella zona, excavaron infructuosamente sin encontrar nada, luego sobre la tierra excavada una familia edificó su casa, y cual fue su sorpresa, cuando los primeros rayos de sol que dieron en sus paredes mostraron con sus reflejos, el oro que atesoraban aquellas piedras.
Corralín
cuenca de oro
tiras una piedra
y es un tesoro
Bien, esto es una somera descripción del enclave del Corralin, pero el motivo de este articulo es otro diferente, aunque muy vinculado al mismo. Hace dos años aproximadamente, una menuda mujer llego al pueblo de Sisterna preguntando por el aquel lugar y manifestando su interés en afincarse en él. Los vecinos, incrédulos al principio, pensaron que poco le durarían las ganas, cuando lo conociera.

Con gran sorpresa para todos, hoy, Francine Marcelle, ciudadana francesa, ha pasado más de un año en aquel lugar. Ayudada por voluntarios, que le han rehabilitado una casa en ruinas, poniéndole techo y agua de una fuente cercana, ha demostrado que a pesar de su fragilidad, es una mujer fuerte que ha superado los rigores del invierno, allí especialmente duro, solo con la compañía de su pequeño perro y los gatos que le ayudan a mantener la población de topos y ratones a raya, para que no le coman los frutos de su pequeña huerta, que le proporciona los alimentos básicos, amen de alguna ayuda que sus vecinos le ofrecen y le premian por su valor.

Esta mujer, todavía joven, nos da un ejemplo de respeto y de amor a la naturaleza, que pocos de los que nos llamamos “ecologistas” estaríamos dispuestos a asumir. Sin entrar en los motivos que la hayan impulsado a abandonar los calidos lugares del Mediterráneo, de donde vino para afincarse en la perdida aldea de Ibias, decisión que pertenece a su patrimonio íntimo, y que a nosotros aunque nos sorprenda, respetamos profundamente, si es de alabar que gracias a ella, El Corralín siga vivo, y no contenta con eso, participe junto con compañeros y compañeras de Cerredo y Degaña en la recuperación de viejas canciones del patrimonio etnográfico cunqueiro que eran llamadas “puchas” con el grupo “ Cuenca de oro “, pues se nos había olvidado comentar, que goza de una amplia cultura musical, y es capaz de componer y cantar canciones que posteriormente edita en unos videos que ponen a esta olvidada aldea en el cada vez mas globalizado mundo.
http://www.youtube.com/watch?v=y7u33kAWTLk&feature=player_embedded#

Altar de la capilla
Solo por eso ya nos merece toda la admiración y el apoyo que podamos prestarle, y que estamos seguros que los vecinos de Ibias y Degaña, le brindan a esta mujer que podíamos llamar con total propiedad “ La Dama del Corralín “ porque dama es la que con su ejemplo nos esta demostrando que las cosas cuando uno las siente de verdad, se pueden conseguir, y lo que estaba muerto, solamente hace falta quererlo para que la vida vuelva a habitar en las derruidas casas del abandonado pueblo, y podamos escuchar junto el correr del agua de su río, las panderetas de Angelita y Mª Luz, dos de las que fueron sus últimas vecinas, amenizando la fiesta de San Miguel, mientras Braulio y el tio Donis, bailan la jota de Cangas y entonan alguna “pucha” como la que les ofrecemos:
Un ejemplo de estas canciones de ronda que cantaban los mozos en los bailes cunqueiros, podía ser esta :
Aunqui tou padri mi dira
a casa cun as duas huörtas,
nun mi casaba cuntigu
purqui teis as patas tuörtas.
y contestaba la moza :
Curteixar, curteixas úa
más abaxu de mia casa;
más guapa qui you sirá1u
peru non cun tanta gracia.
Estas y otras canciones del acervo popular de estos pueblos, seria deseable que la juventud y mujeres como Francine, lucharan por su conservación, porque los pueblos irremediablemente van perdiendo las gentes que forjaron su historia, y solo nos queda a los que de verdad nos sentimos comprometidos con ello, coger el testigo de la conservación de esas tradiciones, de manera que los que nos sigan puedan presumir y estar orgullosos de su pasado y de las gentes que formaron parte de él.

Ultimos habitantes de la aldea del Corralín 1957
Apuntes y datos recogidos de vecinos de Sisterna y del libro
“El habla de Sisterna” , de Joseph A. Fernandez ( 1960)
Dedicado al Corralín
Pesa el invierno como losa de mármol sobre el corazón
de las aldeas, que guardan la memoria y las huellas errantes
de vecinos ausentes.
Toda es paz y quietud sobre los montes cercados por la nieve
como la flor del tiempo.
Un tiempo detenido en su inocencia
un tiempo sin fronteras, sin sombras, sin olvido.
Hay un vacío de pájaros en el aire
solo se atreve el sol a bogar en sigilo por el cielo infinito
y en la afligida voz de las campanas pregonando la muerte.
Hay un vacío de brazos poderosos
¿ quien será capaz de abrir la tumba que de paz a la muerte?
Eleuterio Prado
Monchu Calvo. Astierna 2010
Se accede principalmente por Sisterna, aunque en tiempos pasados había comunicación por caminos y senderos con Tablado y El Bao.

Precisamente desde el cementerio común de Cisterna y El Bao, parte un camino que atravesando un tupido bosque de castaños, nos conduce en una hora, más ó menos a este apartado enclave, después de atravesar por rústicos puentes varias riegas y riachuelos, que logran con dificultad abrirse paso por aquellas peñas inverosímiles.

El pueblo, abandonado por sus últimos vecinos en el año 1969, nos decía Braulio, uno de sus últimos moradores, que antes de su actual ubicación, estaba situado en la collada, al este de Tablado, donde aún se conservan restos , pero problemas con el ganado, que se escapaba a los pastos de Laron, y las inclemencias que sufrían al estar en lugar tan expuesto, los decidió a trasladarse a un lugar cerca del río Ibias, próximo a El Bao.

Allí, donde actualmente perviven las ruinas de sus casas, hubo hace tiempo un prospera comunidad de vecinos, que lo habitaban en los dos barrios que lo componían; El barrio de Abaxo, con 10 casas y la capilla dedicada a San Miguel, y el de arriba, con un molino y un par de edificios.

Capilla de San Miguel
Tenía, nos cuenta Braulio, dos bares, uno de los cuales regentaba él precisamente, y llegó a contar con una abundante población, a pesar de su aislamiento, según nos describe Bellmunt:
El diccionario geográfico de Bellmunt decía así: "San Luis de Tablado.- P. En la Prov. Y dioc. de Oviedo, part. Jud. de Grandas de Salime, ayunt. de Ibias. Sit. en el llano de una alta montaña. Tiene unas 40 casas y una iglesia dedicada a dicho santo, la cual es hijuela de la parr. de Santiago de Degaña. Prod. maíz, centeno, patatas y pastos; se cría ganado vacuno y lanar. Ind. la agrícola, arriería y dos molinos harineros impelidos por las aguas de un arroyo inmediato. Pobl. 42 vecinos = 210 almas".
En el año 1920 Tablado, lugar, contaba con 71 edificios habitados y 319 habitantes de hecho; Corralín, aldea, con 10 edificios y 96 habitantes; Sisterna, lugar, con 47 y 245, y El Bao, lugar, con 41 y 199Ya mas en tiempos recientes, hablaríamos de los años 40 ó 50, habitaban unos 90 vecinos aproximadamente, lo cual nos indica el apego de sus habitantes a tan apartado lugar, que junto con El Bao, Cisterna y Tablado, marca el ángulo que en la denominada comarca cunqueira, forma el valle que mira al alto del Rañadoiro, estando bañado por un riachuelo que confluye mas adelante con el que corre por el valle cunqueiro para aportar juntos sus caudales al río Ibias. En este lugar, aún hoy, se pueden ver con admiración y asombro las grandes obras que los romanos habían realizado. En una ladera de la montaña que rodea al Corralín, situado en un hoyo profundo, semejante a un gran tazón, hay grandes labores mineras de las que se cree que los romanos han extraído abundante cantidad de oro. El sistema de explotación de los grandes filones verticales de cuarzo aurífero, con los pocos elementos de que disponían en aquel tiempo, era el siguiente: hacían grandes hogueras junto a los filones que deseaban deshacer, hasta el punto de que éstos llegaran a un alto grado de temperatura, y era entonces cuando procedían a la apertura de las compuertas de los canales de agua, todavía visibles hoy, que al caer sobre los filones a gran temperatura provocaban su resquebrajamiento y separación, pasando acto seguido a molinos de pequeñas dimensiones, donde el cuarzo era completamente pulverizado para después separar su parte aurífera ya de modo definitivo. Se calcula que se explotaron por este sistema varios millones de toneladas de mineral. De la riqueza aurífera de estos cuarzos da fe el resultado de los análisis efectuados en París en año 1927, como consecuencia de los cuales vino una expedición de ingenieros franceses que procedió al estudio de una posible explotación tan pronto como las vías de comunicación lo permitiesen.

Ruinas del pueblo
A resultas de la abundancia de este mineral en pasados tiempos, se forjaron leyendas como la de unas personas que buscando un cofre que decían que estaba enterrado por aquella zona, excavaron infructuosamente sin encontrar nada, luego sobre la tierra excavada una familia edificó su casa, y cual fue su sorpresa, cuando los primeros rayos de sol que dieron en sus paredes mostraron con sus reflejos, el oro que atesoraban aquellas piedras.
Corralín
cuenca de oro
tiras una piedra
y es un tesoro
Bien, esto es una somera descripción del enclave del Corralin, pero el motivo de este articulo es otro diferente, aunque muy vinculado al mismo. Hace dos años aproximadamente, una menuda mujer llego al pueblo de Sisterna preguntando por el aquel lugar y manifestando su interés en afincarse en él. Los vecinos, incrédulos al principio, pensaron que poco le durarían las ganas, cuando lo conociera.

Con gran sorpresa para todos, hoy, Francine Marcelle, ciudadana francesa, ha pasado más de un año en aquel lugar. Ayudada por voluntarios, que le han rehabilitado una casa en ruinas, poniéndole techo y agua de una fuente cercana, ha demostrado que a pesar de su fragilidad, es una mujer fuerte que ha superado los rigores del invierno, allí especialmente duro, solo con la compañía de su pequeño perro y los gatos que le ayudan a mantener la población de topos y ratones a raya, para que no le coman los frutos de su pequeña huerta, que le proporciona los alimentos básicos, amen de alguna ayuda que sus vecinos le ofrecen y le premian por su valor.

Esta mujer, todavía joven, nos da un ejemplo de respeto y de amor a la naturaleza, que pocos de los que nos llamamos “ecologistas” estaríamos dispuestos a asumir. Sin entrar en los motivos que la hayan impulsado a abandonar los calidos lugares del Mediterráneo, de donde vino para afincarse en la perdida aldea de Ibias, decisión que pertenece a su patrimonio íntimo, y que a nosotros aunque nos sorprenda, respetamos profundamente, si es de alabar que gracias a ella, El Corralín siga vivo, y no contenta con eso, participe junto con compañeros y compañeras de Cerredo y Degaña en la recuperación de viejas canciones del patrimonio etnográfico cunqueiro que eran llamadas “puchas” con el grupo “ Cuenca de oro “, pues se nos había olvidado comentar, que goza de una amplia cultura musical, y es capaz de componer y cantar canciones que posteriormente edita en unos videos que ponen a esta olvidada aldea en el cada vez mas globalizado mundo.
http://www.youtube.com/watch?v=y7u33kAWTLk&feature=player_embedded#

Altar de la capilla
Solo por eso ya nos merece toda la admiración y el apoyo que podamos prestarle, y que estamos seguros que los vecinos de Ibias y Degaña, le brindan a esta mujer que podíamos llamar con total propiedad “ La Dama del Corralín “ porque dama es la que con su ejemplo nos esta demostrando que las cosas cuando uno las siente de verdad, se pueden conseguir, y lo que estaba muerto, solamente hace falta quererlo para que la vida vuelva a habitar en las derruidas casas del abandonado pueblo, y podamos escuchar junto el correr del agua de su río, las panderetas de Angelita y Mª Luz, dos de las que fueron sus últimas vecinas, amenizando la fiesta de San Miguel, mientras Braulio y el tio Donis, bailan la jota de Cangas y entonan alguna “pucha” como la que les ofrecemos:
Un ejemplo de estas canciones de ronda que cantaban los mozos en los bailes cunqueiros, podía ser esta :
Aunqui tou padri mi dira
a casa cun as duas huörtas,
nun mi casaba cuntigu
purqui teis as patas tuörtas.
y contestaba la moza :
Curteixar, curteixas úa
más abaxu de mia casa;
más guapa qui you sirá1u
peru non cun tanta gracia.
Estas y otras canciones del acervo popular de estos pueblos, seria deseable que la juventud y mujeres como Francine, lucharan por su conservación, porque los pueblos irremediablemente van perdiendo las gentes que forjaron su historia, y solo nos queda a los que de verdad nos sentimos comprometidos con ello, coger el testigo de la conservación de esas tradiciones, de manera que los que nos sigan puedan presumir y estar orgullosos de su pasado y de las gentes que formaron parte de él.

Ultimos habitantes de la aldea del Corralín 1957
Apuntes y datos recogidos de vecinos de Sisterna y del libro
“El habla de Sisterna” , de Joseph A. Fernandez ( 1960)
Dedicado al Corralín
Pesa el invierno como losa de mármol sobre el corazón
de las aldeas, que guardan la memoria y las huellas errantes
de vecinos ausentes.
Toda es paz y quietud sobre los montes cercados por la nieve
como la flor del tiempo.
Un tiempo detenido en su inocencia
un tiempo sin fronteras, sin sombras, sin olvido.
Hay un vacío de pájaros en el aire
solo se atreve el sol a bogar en sigilo por el cielo infinito
y en la afligida voz de las campanas pregonando la muerte.
Hay un vacío de brazos poderosos
¿ quien será capaz de abrir la tumba que de paz a la muerte?
Eleuterio Prado
Monchu Calvo. Astierna 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





























